PEQUEÑA MADA MÍA. CAPÍTULO 58. Hasta el último rastro.
Niko estaba sentado en el asiento del copiloto, mirando por la ventana mientras su tío John conducía. Las carreteras estrechas serpenteaban entre pequeños pueblos, rodeadas de campos verdes y el imponente telón de fondo de los Alpes. El sol comenzaba a salir, bañando la carretera en un suave resplandor dorado, pero el día no se sentía tan brillante para él.
Llevaban días recorriendo pueblo tras pueblo, deteniéndose en cada estación de autobús, preguntando en cada restaurante, en cada tienda de comestibles, pero todo era en vano. Gigi parecía haberse desvanecido como una sombra. Niko trataba de mantenerse tranquilo, pero la frustración lo estaba consumiendo. No podía dejar de imaginarla sola, asustada, sin saber en quién confiar. ¿Estaba comiendo bien? ¿Estaba a salvo?
—Este lugar también parece tranquilo —dijo John, rompiendo el silencio mientras miraba el pequeño mapa que había en la pantalla del tablero—. Podríamos preguntar en la estación de autobuses y luego revisar los alrededores. Tal vez alguien la haya visto.
—Tal vez —respondió Niko con un suspiro.
Se bajaron del auto y caminaron hacia la estación, un pequeño edificio de ladrillos con una ventanilla y un par de bancos oxidados fuera. El viento soplaba suave, y el pueblo parecía dormido, como si el tiempo pasara más lento allí. Niko sacó una foto de Gigi de su cartera, ya algo arrugada por el uso, y se acercó al empleado de la estación.
—Buenos días —saludó con una sonrisa forzada—. Disculpe, ¿ha visto a esta chica por aquí? Tomó un autobús hacia la ruta oeste hace unos días, pero no sabemos dónde bajó.
El hombre, de aspecto cansado, se ajustó las gafas y tomó la foto con desgano. La miró por un momento, luego negó con la cabeza.
—Lo siento, no me suena. Aunque, claro, pasan tantos pasajeros todos los días que podría haberla visto y no recordar —respondió encogiéndose de hombros—. Podrían intentar en el café de la esquina. Los empleados suelen ver a los viajeros que esperan aquí.
Niko apretó la mandíbula y asintió. No era la primera vez que recibía la misma respuesta, y ya comenzaba a sentir que cada día perdido alejaba más a Gigi de él.
—Gracias —murmuró, sin ocultar su frustración.
Salieron de la estación y caminaron hacia el café que les habían señalado. A medida que avanzaban, Niko sentía el peso de la incertidumbre acumulándose sobre él.
—La encontraremos, Niko —dijo John, poniendo una mano en su hombro—. Estos pueblos no son tan grandes. Solo es cuestión de tiempo.
—Y yo siento que tiempo es precisamente lo que no tengo, tío, pero no me preguntes por qué, porque no lo sé —replicó Niko con amargura—. Ella está ahí fuera, sola. Y yo no sé si está bien, si está comiendo, si está asustada… ¡ni siquiera sé si está segura!
John lo miró con comprensión, pero antes de que pudiera responder, entraron al café. Allí, como en todos los lugares anteriores, repitieron la misma rutina. Mostrar la foto. Preguntar si alguien la había visto. Recibir miradas de simpatía o desinterés. Al final, otra negativa.
El día pasó en un torbellino de búsquedas infructuosas, de un pueblo en otro, y cuando el sol comenzó a ocultarse tras las montañas, Niko sentía que la desesperación lo consumía..
Mientras tanto, en el pequeño pueblo junto al lago Lemán, Gigi estaba en la cocina, terminando un lote de magdalenas que había prometido llevarle a Ingrid. A pesar de haber encontrado una rutina, no podía evitar sentir aquella angustia.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....