Entrar Via

UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 884

PEQUEÑA AMADA MÍA. CAPÍTULO 60. A las puertas del desastre

El teléfono aún estaba caliente en las manos de Gigi. Había hablado con Anja hacía apenas diez minutos cuando un golpe fuerte resonó en la puerta. Galia empezó a aullar como una loca, con tal intensidad que Gigi supuso que Ingrid venía corriendo con alguna urgencia. Porque por supuesto que no conocía a nadie más lo suficiente como para que estuviera tocando a esa hora.

—¡Tranquila, Galia! —le susurró mientras caminaba hacia la puerta, con el corazón acelerado.

Abrió sin pensarlo demasiado, pero lo que vio no fue ni de cerca lo que esperaba.

Niko.

Estaba allí.

Estaba frente a ella.

¿Por qué…?

¿Por qué estaba…?

El mundo pareció detenerse por un segundo, y antes de que su mente pudiera procesar lo que estaba ocurriendo, el suelo desapareció bajo sus pies. Todo se volvió negro para Gigi y Niko apenas tuvo tiempo de reaccionar, pero sus reflejos fueron más rápidos que su sorpresa. Dio un paso adelante y la atrapó antes de que se desplomara en el suelo y Jhon corrió hacia ellos.

—¡Gigi! —exclamó Niko con el corazón en la garganta, sosteniéndola entre sus brazos, y viendo su rostro pálido y sus ojos cerrados.

—Tenías que haberte afeitado por lo menos —murmuró Jhon—. Si es que pareces un cavernícola, así cualquiera se espanta.

Niko le dirigió una mirada de advertencia, pero luego solo pasó un brazo bajo las rodillas de la muchacha y la cargó adentro.

Todo lo que había pasado en las últimas semanas, todas las búsquedas fallidas, las noches sin dormir, la frustración, todo desapareció en ese momento para dar paso a un miedo diferente.

—Gigi… por favor, despierta —susurró acostándola en el sofá, pero muy pronto una cachorrita mordiendo su pantalón lo hizo mirar alrededor.

Sus ojos recorrieron la pequeña sala donde estaba. Un lugar acogedor, sencillo, muy parecido a ella.

Niko cargó al animalito, haciéndole una caricia, y su mente volvió al momento en que había descubierto que estaba cerca. Había reconocido el sabor de sus dulces de inmediato. Solo Gigi podría haber hecho algo así.

La mujer lo había mirado con curiosidad mientras Niko sacaba la foto de Gigi de su bolsillo, la misma foto que había mostrado en cada parada, en cada pueblo sin respuesta alguna.

Ingrid había tomado la foto y la había mirado por un instante antes de asentir con la cabeza.

—Es Gigi. Es ella, la que hace estos dulces… es ella.

La posadera levantó una ceja impresionada, porque obviamente que aquel hombre tenía que ser muy cercano a la muchacha para reconocer sus dulces por el sabor.

—Sí, es ella.

—¿Dónde está? —la increpó Niko mientras sus ojos se humedecían.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD