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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 885

PEQUEÑA AMADA MÍA. CAPÍTULO 61. Verdades que duelen

Niko se quedó sin palabras, como si de repente el mundo fuera una pequeña burbuja estallando.

La prueba de embarazo en sus manos parecía pesar una tonelada, y de toda aquella ola de emociones que lo atravesaron, ninguna tan fuerte como la sorpresa. Miró a Gigi, de pie frente a él, con los ojos enrojecidos por las lágrimas, y todo lo que quería hacer era abrazarla, besarla… aunque sabía que si lo hacía solo la pondría peor.

—¡Lo siento tanto…! —La escuchó sollozar—. Yo no quería… ¡Te juro que no fue a propósito! Esto… es de la noche que celebramos lo del concurso de cocina. Yo… debería haberme tomado la píldora del día después, pero…

—Gigi… —Niko ni siquiera le estaba pidiendo explicaciones, pero ella apartó la mirada, mordiéndose los labios con nerviosismo.

—¡Te juro que la compré, tú me lo recordaste esa mañana y la compré!... pero luego Renard apareció —continuó, hablando despacio, como si estuviera reviviendo cada detalle doloroso—. Me obligó a ir a la casa de mi madre, y el paquete de la farmacia se quedó ahí y… ¡y luego pasó todos y…!

Niko la miró, sintiendo una mezcla de rabia y frustración. No por ella, sino por la situación, por todo lo que Gigi había tenido que soportar. Tomó su rostro entre sus manos con suavidad, obligándola a mirarlo a los ojos.

—Gigi, no tienes nada de qué disculparte —le dijo con firmeza, solo un instante antes de besar su frente—. El irresponsable fui yo. Yo debería haberme asegurado de todo, pero no lo hice. Esto no es culpa tuya.

—Pero… —Gigi intentó replicar, pero Niko la interrumpió.

—No. —Sacudió la cabeza—. Esto no es tu culpa, nada de esto es tu culpa, ¿entiendes? No quiero que lo pienses ni por un segundo…

Las lágrimas seguían cayendo por las mejillas de Gigi. Parecía una niña perdida en medio de un caos que no sabía cómo manejar.

—Niko, no entiendes. —Su voz se quebró, y se llevó una mano al vientre—. ¿Y si lo que dijo mi madre es cierto? ¡Dios…! ¿Y si de verdad soy tu hija?

El pánico en sus palabras era palpable, y Niko sintió una punzada en el pecho. Podía imaginar muy bien lo que debía estar pasando por su mente en ese momento, porque él pensaba lo mismo, pero como le había dicho a Jhon, él era el hombre hecho y derecho, a él le correspondía calmarla y protegerla.

Gigi rompió en un llanto desconsolado, y Niko la atrajo hacia sí, envolviéndola en sus brazos, dejando que apoyara la cabeza en su pecho.

—Gigi, escúchame. —Su voz sonó más firme de lo que esperaba—. Estoy seguro de que eso no es verdad. Chantal… Chantal solo está intentando manipularnos.

—¿Cómo puedes estar tan seguro? —sollozó Gigi, aferrándose a su camisa como si fuera su única ancla.

Niko suspiró, acariciándole el cabello.

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