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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 887

PEQUEÑA AMADA MÍA. CAPÍTULO 63. Un infierno de cuarenta y ocho horas

Niko ni siquiera dejó protestar a Gigi cuando hablaron de llevarla de vuelta a casa después de aquellos exámenes. Y con “casa” por supuesto se refería a ese departamento en el que habían vivido juntos hasta hacía solo unas pocas semanas. Sabía que, aunque ambos estaban exhaustos, el peso de la incertidumbre seguía aplastándolos.

Cuando llegaron, Gigi vio a Anja esperándolos en el salón, un poco angustiada. Niko había llamado para avisarle que ya había encontrado a Gigi, y estaba allí para asegurarle a la muchacha que no había faltado a su palabra.

—Cariño te juro que yo no… —intentó explicarle, y su rostro, tan sereno y maternal como siempre, le arrancó una lágrima silenciosa a Gigi.

—No te preocupes, sé que no fuiste tú y… bueno… ya fuimos a hacernos los exámenes —murmuró por lo bajo y Anja no tardó en notar ese nerviosismo que delataba algo más.

—¿Qué pasa? —preguntó mientras sus ojos se movían rápidamente entre su hijo y la muchacha.

Gigi se sentía abrumada y avergonzada, todo a la vez, pero antes de que pudiera decir ni una palabra, Niko se adelantó, acariciándole la espalda con suavidad.

—Mamá —suspiró con un tono firme y calmado—, Gigi está pasando por mucho en este momento, pero ahora, más que nunca, necesita estar tranquila.

Anja frunció el ceño, confundida y alarmada por la seriedad en la voz de Niko.

—¿Por qué? —preguntó, con la ansiedad reflejada en su rostro.

Gigi tragó saliva. Sabía que no podía seguir escondiendo la verdad, y al final por eso la había llamado, para pedirle ayuda.

—Estoy… estoy embarazada.

Anja se quedó en silencio por un segundo, con los ojos abiertos de par en par. Gigi esperaba una reacción de shock o preocupación, pero en lugar de eso la vio esbozar una sonrisa cálida y maternal, acercándose para tomarle las manos.

—Cariño, todo estará bien —le dijo suavemente—. Tienes a una de las familias más poderosas de Suiza para respaldarte, y pase lo que pase siempre tendrás a Niko, a mí y al resto de esta familia. Te vamos a cuidar, ¿de acuerdo?

Gigi no pudo contener las lágrimas. La calma de Anja era como un bálsamo para sus nervios. Ella la atrajo hacia sí en un abrazo firme, y Gigi dejó que las lágrimas rodaran libremente, sintiendo por primera vez en días que no tenía que cargar con el peso del mundo sola.

Niko observaba en silencio, luchando internamente contra el impulso de abrazar a Gigi él mismo. El amor aún latía fuerte dentro de él, el instinto protector hacia ella y su futuro hijo. Lo único que quería era besarla, besarla y asegurarle que nada iba a pasar. Pero también sabía que hacer eso solo conseguiría que Gigi se angustiara más.

Aunque estaba convencido de que Gigi no era su hija, sabía que no podía actuar basándose solo en su intuición. Hasta que tuvieran los resultados, debía controlarse por el bien de Gigi y del bebé.

—Gracias, Anja —dijo Gigi entre sollozos, apretando las manos de la mujer con gratitud.

—Siempre tendrás mi apoyo, mi niña —respondió ella, antes de apartarse un poco y mirarla a los ojos—. Ahora, todo lo que tienes que hacer es concentrarte en ti, en descansar, y en ese bebé. Así que vamos a tener una linda tarde de chicas y una noche de películas. ¿Te animas? ¡Sé donde venden el mejor helado de la ciudad!

Gigi asintió y Niko respiró aliviado porque sabía que su madre estaba intentando sacarle la enorme carga que era dejarlos solos.

Así que ellas se fueron a tener su noche de chicas, y Niko se encontró solo en la sala, jugando con Galia para distraerse mientras los pensamientos lo consumían.

—No sé de dónde saliste, bonita, pero gracias por cuidar de mi chica —le dijo con una sonrisa.

A la mañana siguiente, Niko se asomó solo para ver a Gigi dormir pacíficamente y luego salió para reunirse con Jhon en una pequeña cafetería de Zúrich. A pesar del ambiente relajado del lugar, el aire estaba cargado de tensión.

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