PEQUEÑA AMADA MÍA. CAPÍTULO 70. Amenazas
Niko se consideraba un hombre bueno, y en general, lo era, sin embargo no pudo evitar sentir una oscura satisfacción cuando vio el espanto y la rabia en los ojos de Chantal.
—¿¡Te has vuelto loco!? ¿¡Qué crees?! ¿Qué trayéndome a un mugrero como este me vas a intimidar? —escupió la mujer mirando alrededor, porque estaban a cubierto pero aquello parecía algo así como una nave abandonada.
Sin embargo su arrogancia y la del hombre que tenía al lado aparentemente eran demasiado grandes como para entender lo que estaba a punto de pasar.
—¡Yo tengo mucha calle, imbécil! ¡Mucha como para tragarme el cuento de que un niño millonario bueno para nada como tú sería capaz de ensuciarse las manos!
—En eso tienes razón, no pienso ensuciarme contigo. Especialmente porque mi tío aquí presente tiene esa cortesía educada de los hombres antiguos que dice que no se le debe pegar a las mujeres —escupió Niko.
—Precisamente por eso —carraspeó Jhon—, Dandara, hija, ¿te puedes ocupar?
—Sí, papi —respondió ella con una calma perfecta antes de que su cadera girara con la delicadeza de una bailarina y su puño se estrellara contra la cara de Chantal… sin ninguna delicadeza. Y fue increíblemente rápida mientras la levantaba por una solapa de lujoso abrigo y la golpeaba otras tres veces, mandándola al suelo.
—¡Maldito bastardo! —gritó Renard intentando atacar a Niko y lo único con lo que se encontró, para su desgracia, fue con un león furioso.
Su primer golpe mandó a Renard al suelo, y antes de que pudiera incorporarse, Niko volvió a golpearlo, una y otra vez, sin darle oportunidad de defenderse.
Estaba furioso, estaba frustrado, y encima de todo estaba siendo celoso, de los celos malos, de esos que harían lo que fuera para proteger lo que era suyo de cualquier asqueroso pervertido como el padrastro de Gigi.
—¡Te advertí que no te acercaras a ella de nuevo! —dijo Niko, con cada golpe más fuerte y más furioso—. ¡Te advertí que no la tocaras, que ni siquiera la miraras! —gritó pateándolo.
Renard intentaba cubrirse, pero no tenía escapatoria; cada intento de zafarse era sofocado por otro puñetazo. Cuando parecía que Niko había saciado su rabia, levantó al tipo tambaleante y lo arrastró hacia una máquina antigua y oxidada que reposaba en una esquina, cubierta de polvo.
Los ojos de Renard se abrieron con pánico cuando entendió lo que Niko pretendía hacer, y tirada en el suelo no muy lejos Chantal los miró horrorizada.
—¡Niko, por favor…! —gimió, intentando zafarse del agarre de Dandara, que si conocía la compasión, lo estaba disimulando muy bien en aquel momento—. ¡No, esto es una locura!
Pero Niko no respondió. Solo sujetó con fuerza a Renard y le metió la mano en la abertura de la máquina, apretando el botón para activar el mecanismo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....