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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 897

PEQUEÑA AMADA MÍA. CAPÍTULO 73. En la dulce… carrera.

La luna de miel fue como un sueño hecho realidad. Gigi y Niko viajaron a lugares que ella solo había visto en fotos: playas paradisíacas, ciudades llenas de historia y rincones tan tranquilos que era como si el mundo entero se hubiera detenido solo para ellos. Se dedicaron a disfrutar del tiempo juntos, sabiendo que la llegada del bebé cambiaría sus vidas por completo.

Sin embargo, después de varias semanas de romanticismo, risas y largas caminatas, regresaron a casa a tiempo para preparar todo para la llegada del bebé. A esas alturas, el pequeño —o pequeña, porque aún no sabían el sexo— parecía estar muy cómodo en el vientre de Gigi y sin ninguna prisa por nacer.

—¿Pero será posible que no quiera salir? —se quejaba Gigi un día, tumbada en el sofá con una expresión de cansancio—. Creo que ya tiene suficiente tiempo ahí dentro, ¿no? ¡Vamos, Niko, algo tenemos que hacer!

Niko rio y se acercó para acariciarle la pancita.

—A lo mejor es que le gusta demasiado el hotel de cinco estrellas que le has dado —dijo, besándola en la frente.

Gigi frunció el ceño.

—Sí, bueno, pues quiero que desocupe ya el cuarto. ¡Estoy agotada! —refunfuñó con una mezcla de resignación y humor—. ¿Sabías que ya llevo cinco días de retraso? ¿A qué está esperando? ¿Una invitación formal?

Niko ahogó la risa que tenía atorada en la garganta, porque hasta protestando le parecía demasiado bella.

—Amor, el bebé llegará cuando esté listo. Quizás solo se está tomando su tiempo para hacer una entrada espectacular. Ya sabes, digno de un Keller.

—Claro, como si fuera la gran estrella —bufó Gigi, aunque sonrió de inmediato—. Pero yo me siento como si tuviera un saco de piedras en la panza. ¡De verdad, Niko, tienes que ayudarme a que salga!

—¿Quieres que lo convenza? —preguntó él en tono de broma, inclinándose hacia su vientre—. Escucha, bebé, mamá y yo estamos muy ansiosos de verte, así que cuando estés listo…

—¡No, no, no! —Gigi lo interrumpió, poniéndose de pie con una sonrisa pícara—. Leí que hay formas de acelerar el parto. Ya sabes, formas… naturales.

—¿Ah, sí? —preguntó Niko, mirándola con una ceja arqueada.

—Sí, señor Keller —contestó ella, acercándose y mirándolo directamente a los ojos—. Resulta que… el sexo ayuda. Mucho.

Niko estalló en carcajadas.

—¿De verdad me estás proponiendo esto con cinco días de retraso?

—¡Por supuesto! —dijo ella, cruzándose de brazos y mirándolo con falsa indignación—. ¡Si está cómodo en el hotel cinco estrellas… pues le va a tocar un terremoto!

—Amor, te ayudaría en cualquier cosa que pidieras, pero me da la sensación de que esto es una excusa para hacerme trabajar —dijo, sonriendo.

Gigi le sacó la lengua y le lanzó un cojín.

—¿Qué clase de marido eres? ¡Ay, Dios, si de verdad va a ser que no te gusto porque estoy…!

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