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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 903

REGLA #1. CAPÍTULO 3. Reglas

Mariel respiró hondo mientras juntaba las manos en su regazo.

—Creo que ya voy comprendiendo por qué elegiste a Dandara para armar el teatro —murmuró—. Es obvio que ella podría mandar a volar a cualquiera con singular alegría. Pero yo tampoco soy tan frágil como me veo así que… te voy a ayudar. Solo tenemos que establecer regalas simples, como respetarnos y ayudarnos… y esas cosas.

Leon se mesó los cabellos porque al final parecía que no le quedaban más alternativas y asintió.

—Muy bien, en ese caso te lo agradezco y… pongamos las cosas lo más claras posibles. ¿OK? Entonces… Regla número uno: no te enamores —dijo, mirándola con seriedad—. Sé que puedo ser un encanto pero soy… soy un mujeriego, de verdad, y no importa lo caballeroso o lo galante que parezca, no quiero nada serio con nadie, así que no te enamores, porque de lo contrario las cosas van a acabar muy mal. Simplemente soy…

—Un conejo con Parkinson —recordó Mariel—. OK, Regla número uno: no te enamores. —Se detuvo por un momento y negó—. Yo ya estoy enamorada de alguien con quien no puedo estar. Así que no importa lo dulce que parezca, solo estaré fingiendo, no sería cierto, así que no te enamores de mí o te voy a romper el corazón.

Leon la miró estupefacto por unos segundos, porque jamás había imaginado a la florecita en ese plan. Simplemente no parecía posible.

Pero después de algunos minutos de consternación pareció recuperar la compostura y continuó.

—Perfecto, si estamos de acuerdo en eso… regla número dos: Solo contacto físico necesario. Mantendremos las apariencias en eventos y cuando haga falta, pero nada de cariño… interno. ¡Quiero decir, entre nosotros! —saltó de inmediato.

—¿Vamos a dormir con una montaña de almohadas en medio como los adolescentes? —preguntó ella arqueando una ceja divertida, aunque por dentro su corazón palpitaba un poquito más rápido con esa regla.

—Bueno, tú ya estás enamorada de otro y yo no estoy enamorado de nadie… y las camas son tan grandes allá que podremos hacernos señales de humo de un lado al otro… así que no veo la necesidad.

—OK, solo tocamientos necesarios y sin almohadas de por medio —consintió Mariel y Leon asintió antes de levantar un índice apresurado.

—¡Regla número tres…!

—¡Los que tengan gases irán al final de la cola! —exclamó Mariel y un segundo después se tapaba la boca—. ¡Lo siento, lo siento, estoy nerviosa!

—¡No te preocupes, preciosa, bienvenidos al “buckndroll”! —replicó Leon y los dos rompieron en carcajadas—. Amo La Era del Hielo.

—Yo también —murmuró Mariel con suavidad—. Pero creo que la regla número tres la pondré yo.

Él la miró con curiosidad, mientras Mariel parecía reflexionar, como una pequeña chispa que estuviera buscando la mejor forma de convertirse en incendio.

—Regla número tres: siempre tienes que estar de mi parte, y yo siempre estaré de la tuya —le dijo—. No vamos a ser un matrimonio real así que, sin importar lo que esté sucediendo, siempre tenemos que tomar la parte uno del otro. Porque si como dices las cosas con tu familia van a ser difíciles, entonces… no voy a irme hasta allá para batallar contra gente que no conozco y encima también contigo.

—Me parece justo —respondió él—. Y tienes razón, literalmente va a ser una batalla, en especial con mi madre. Estoy seguro de que va a estar muy pendiente de ti; así que si hay alguna situación incómoda, lo mejor es que me avises.

—No te preocupes, sé cómo manejar a las madres difíciles —Mariel sonrió, y ambos tomaron un sorbo en silencio—. Creo que todavía hay una regla más —dijo y él la miró con curiosidad—. No tengo problemas con que seas un mujeriego, pero haremos nuestras cosas con discreción.

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