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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 904

REGLA #1. Capítulo 4: ¡Bienvenidos al Himalaya!

La ceremonia fue tan rápida que, cuando Mariel miró su anillo en el dedo, apenas podía creer que ya era oficialmente la señora de Leon Rosthchild. No había invitados especiales, ni coros ni flores, ni mucho menos el vestido blanco de ensueño que la mayoría de las novias imaginan. Mariel había insistido en que no hacía falta tanta pompa, porque podía parecer ingenua, pero sabía bien que si aquel hombre la veía demasiado entusiasmada, saldría corriendo en la dirección contraria más rápido que cualquiera de sus Ferraris.

Así que solo se puso un sencillo vestido rosa que encontró en el armario, uno que resaltaba su delicada figura y la hacía ver, si era posible, aún más tierna.

Dandara, que había estado a su lado todo el tiempo, le dio un abrazo apretado antes de que se despidieran en la puerta del juzgado. Sin embargo, apenas la soltó su mano fue a estrellarse contra el pecho de su amigo, sin importarle si le estaba estrujando el traje o no, y le lanzó una advertencia directa.

—Más te vale cuidarla, Leon —dijo Dandara, con una expresión grave que rara vez mostraba—. Mariel es… bueno, ya la conoces. Es dulce y confiada. No se merece que nadie la lastime.

Leon se quedó en silencio un instante, sosteniendo la mirada protectora de Dandara.

—Puedes estar tranquila. No voy a hacer nada que la ponga en riesgo —respondió él, con seriedad.

—Tú no eres el único que me preocupa. Con lo que me contaste sobre tu familia, yo iba para ese castillo con la cajuela llena de armas, solo te lo advierto. Mariel no es apta para ninguna batalla, así que me importa poco si te vas a identificar de aquí en adelante como escudo espartano o como muro de concreto, pero asegúrate de protegerla porque la nena te está haciendo un favor y tú serás todo lo que tiene allá.

—¡OK, OK, muro espartano será! ¡Escudo…! ¡Eso mismo! ¡Joder, no me pongas más nervioso! —rezongó él alejándose para tomar la mano de Mariel y hacerle un puchero—. ¿Nos podemos ir ya?

Mariel apretó los labios viendo aquella expresión en su rostro y luego vio a la cara de pocos amigos que tenían todo el contingente de Kellers.

—Sí, mejor nos vamos, todavía queremos que seas capaz de hacer un heredero…

Se despidieron brevemente y con toda su muy necesaria documentación legal en regla, emprendieron el viaje hacia el condado Rosthchild. Primero abordaron un jet privado, y Leon la miraba de reojo, agradecido de que no mostrara ni un ápice de incomodidad o nerviosismo.

—¿Estás bien? —le preguntó, mientras ella miraba por la ventana, observando las nubes a sus pies.

—Claro, solo… es increíble que realmente vayamos a conocer el lugar donde creciste. —Sus ojos brillaban con emoción—. No te rías, pero sabes que estudio Historia, ¿verdad? Soy una nerd de los castillos.

Leon sonrió con suavidad y el resto del camino fue para contarle historias sobre los pasadizos del castillo y todas las travesuras que solía hacer de pequeño.

El vuelo fue breve y relajado, y antes de que Mariel pudiera darse cuenta, ya estaban en tierra y listos para abordar un auto que los llevaría al castillo de los Rosthchild. El trayecto por carretera era largo y serpenteante, pero desde el primer momento, Mariel se quedó maravillada. A ambos lados del camino se alzaban densos bosques, con árboles que parecían tocar el cielo, y, a lo lejos, entre las montañas, ya se distinguían las primeras torres del castillo.

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