REGLA #1. CAPÍTULO 5. Pruebas de una boda
—¿Una de mis qué? —repitió Leon, incrédulo, dándose cuenta de que si por algún milagro del destino realmente hubiera estado enamorado de una mujer, su madre la hubiera lastimado sin siquiera pensarlo por el simple hecho de no controlar su lengua.
—¡Conquistas! —replicó la condesa Freda con frialdad y se volvió hacia Mariel, examinándola de arriba a abajo—. Es evidente que eres una jovencita muy ingenua para creerte cualquiera de las mentiras de mi hijo —soltó con desprecio—. Pero que te quede claro, el conde y yo no permitimos amantes bajo nuestro techo.
Mariel abrió los ojos en un gesto de sorpresa muy bien fingida, y por supuesto Leon no tardó en intervenir, decidido a detener el veneno que su madre soltaba.
—¡Mamá, ya basta! Mariel no es una conquista —dijo con voz firme y alzó la mano izquierda de la chica que tenía a su lado para que su madre viera el anillo—. Mariel es mi esposa. Nos casamos esta mañana, como sabía que probablemente pondrías el grito en el cielo y lo dudarías…. Aquí tienes las pruebas.
La condesa Freda miró el anillo como si fuera una serpiente, y luego posó sus ojos en el anillo idéntico que Leon llevaba en la mano.
—¡Eso no puede ser verdad! —espetó observando a Mariel de arriba abajo—. ¡Por favor, tú eres un mujeriego empedernido, eres un…!
—¡Conejo con Parkinson! —exclamó Mariel levantando un dedito como si estuviera en el colegio—. Ya sabe… por lo de ¡pum pum! y todo eso.
Freda apretó los dientes con un evidente gesto despectivo y negó.
—¡Por Dios, y encima ella es una corriente! ¡Déjame adivinar, escasa educación, clase media en descenso y tan tonta como para creerse que se casó contigo de verdad!
Leon dio un paso adelante, molesto, pero la manito apurada de Mariel lo detuvo.
—Mejor dale el acta de matrimonio y ya. A lo mejor me estás engañando y es falsa —le dijo a Leon con un puchero y él sacó el documento y lo puso con impotencia en las manos de su madre.
—¡Ahí tienes, te dije que es mi esposa!
La condesa tragó en seco, sus labios temblaron al ver un acta matrimonial, y en cuestión de segundos su color de piel pasó de un tono de indignación rojizo a uno pálido, casi enfermizo. Dio un paso tambaleante hacia atrás, y, ante la mirada incrédula de los recién casados, se desplomó en el sillón más cercano.
Leon ya se sabía sus dramas, pero Mariel reaccionó de inmediato, buscando con la mirada hasta que sus ojos dieron con un jarrón lleno de flores frescas. Lo tomó sin pensarlo dos veces y echó toda el agua en el rostro de su suegra, haciéndola dar un respingo espantado al tiempo que su esposo le gritaba.
—¡Mariel, por el amor de Dios! —exclamó Leon, sin saber si desmayarse él o detenerla.
La condesa Freda abrió los ojos de golpe, todavía entre confundida y empapada, y miró a Mariel horrorizada.
—¿Qué… qué diablos crees que haces? ¡¿Me echaste un jarrón de agua encima?! —gritó, levantándose en un ademán teatral mientras se quitaba las gotas del rostro.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
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