REGLA #1. CAPÍTULO 6. Un mal chiste.
Mariel se miró al espejo y dio una última vuelta sobre sí misma, asegurándose de que su vestido estaba en perfecto estado. Había elegido uno sencillo pero elegante, con detalles en encaje que le daban un toque sofisticado, sin perder la ternura que siempre parecía acompañarla. Tomó una bocanada de aire, se dio una última sonrisa en el reflejo y salió del vestidor lista para conocer a su suegro.
Leon la esperaba fuera, con una expresión mezcla de orgullo y nerviosismo.
—Estás perfecta. Muy tapadita, como le gusta a mis padres. ¿Lista? —preguntó, ofreciéndole el brazo.
—Claro que no, y tú tampoco —contestó ella, tomando su brazo con firmeza—. ¿Algún consejo?
—Solo… respira profundo —bromeó él—, y no le hagas caso a nada de lo que digan. No tienen filtro ni tacto ni nada.
—Entiendo.
Con una sonrisa de complicidad, Mariel asintió, y juntos caminaron hacia el comedor principal, cuyas puertas dobles ya estaban abiertas. Al entrar, sus ojos se posaron de inmediato en un hombre de aspecto severo, ya entrado en años, sentado en una silla de ruedas en la cabecera de la mesa. Su cabello era blanco, y sus ojos, profundamente hundidos, se mantenían en una mirada rígida y evaluadora.
Leon apretó ligeramente el brazo de Mariel antes de soltarlo y dar un paso adelante.
—Padre, me alegra verte —dijo inclinando la cabeza en un saludo respetuoso.
El conde asintió con la cabeza, pero no dijo nada, solo lanzó una mirada escrutadora a Mariel, que lo observaba con una mezcla de curiosidad y serenidad. La rigidez en la expresión del conde no cedió ni un ápice, y sus labios formaron apenas un esbozo de sonrisa fría y calculadora.
—Entonces es cierto. Te casaste.
—Mariel, te presento a mi padre, el conde Rosthchild —suspiró Leon.
—Es un placer conocerlo, señor conde —dijo Mariel con una inclinación cortés, sosteniendo la mirada del anciano sin titubear.
—Ya veremos si es un placer —respondió el conde, sin siquiera hacer el esfuerzo de suavizar su tono.
Antes de que ninguno de ellos pudiera decir nada más, un joven de cabello oscuro y sonrisa arrogante hizo su entrada en el salón. Llevaba un aire de superioridad que no hacía esfuerzo alguno por esconder, y se acercó a Leon y le dio una palmada en el hombro.
—Hermano, ¿así que esta es la nueva adquisición? —preguntó con una sonrisa sarcástica, claramente dirigida a incomodar.
—Hannibal, compórtate —le advirtió Leon, apretando la mandíbula.
—¿Comportarme? Vamos, solo estoy saludando a la chica. ¡Bienvenida, Mariel, al hogar de los Rosthchild! —dijo Hannibal, haciendo una reverencia exagerada y luego lanzándole una mirada cargada de desdén—. Aunque, claro, dudo que seas capaz de aguantar aquí mucho tiempo. Sabes, cuando Leon se canse de esta farsa, la puerta de mi habitación estará abierta… cuando quieras —dijo acercándose un poco más con una sonrisa provocadora.
Leon se puso rojo de furia y dio un paso hacia su hermano, listo para lanzarle una réplica, pero Mariel le puso una mano en el brazo y miró a Hannibal juntando las cejas en un puchero inocente.
—Creo que no entendí —dijo ella con inocencia exagerada—. ¿Podrías explicármelo, por favor?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....