REGLA # 1. CAPÍTULO 9: Pretty Woman
—¡¿Cómo…?! ¡Jamás dije tal cosa! —exclamó Freda, claramente escandalizada por las palabras de su nuera.
—¡Ay, no suegrita, no se preocupe! ¡La verdad es la verdad, y Leon puede con ella! —le dijo Mariel con esa vocecita casi infantil que acabó de sacarla de quicio—. Usted dijo y cito: “Ni siquiera vistes como debería hacerlo una futura condesa. No tienes ropa elegante y no vistes de manera apropiada…”
La condesa Freda abrió los ojos espantada, sobre todo porque los de su hijo se fijaron en ella con reproche.
—Mamá, ¿en serio le dijiste eso? —gruñó con decepción, aunque siendo honesto no le sorprendía.
—¡No claro que no…! O sea solo quise decirle…
—No se preocupe suegrita, no se preocupe —le sonrió Mariel—. ¡Mañana mismo Leon va a ir a comprarme ropa apropiada para que usted no me tenga que regañar otra vez! ¡Y de la fina, amorcito! ¡Con etiqueta de marca y esas cosas! —exclamó haciendo que él la mirara con un puchero porque su madre ya se estaba abanicando con una servilleta a punto de desmayarse—. ¡Porque bien lo dice el dicho: no hay condesas mal vestidas sino condes tacaños!
—Dios… esto no puede estar pasando… No es posible… —murmuraba la condesa, pero si iba a montar el teatro, este se le cayó en el momento en que Mariel volvió a abrir la boca.
—Ah, y otra cosa, querido. Tu mamá también mencionó que… bueno, no tengo joyas. Nada adecuado, al menos. Así que tienes que comprarme algunas lindas porque ella dijo y cito: “¡Una condesa que se respete siempre lleva al menos cien mil francos en joyas encima, incluso en su vida diaria!”
Un segundo después la condesa se iba de lado en la silla y todos la vieron caer al suelo, desmayada.
—Yo creo que ahora sí fue de verdad —dijo Leon con un suspiro.
—¿Quieres apostar? —Mariel le dio un codazo y luego los dos carraspearon mirando al señor conde.
—Disculpe…
—Lo siento, papá…
—Debería hacerla revisar por el médico…
—¡Mariel!
—Es que se desmaya cada dos por tres…
—Ya se pueden retirar —dijo el conde y ellos no se lo hicieron repetir.
Saltaron de la mesa con singular alegría, pasaron por la cocina, se llevaron una merienda nocturna y se encerraron en su habitación como dos niños que hubieran hecho una travesura.
—¡Juro que vi a mi padre reírse! —exclamó Leon—. Lo hace así torcido… pero se rio, estoy seguro.
Mariel estaba sentada en la cama, descalza, con las piernas cruzadas, y una sonrisa satisfecha en su rostro.
—Míralo por el lado bueno. Te libré del trabajo mañana —advirtió—. Deberías recompensarme o algo, sirvo más de justificante que un médico.
Leon se dejó caer en la cama junto a ella, con las manos detrás de la cabeza y expresión aliviada.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....