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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 918

REGLA # 1. CAPÍTULO 18. Huéspedes

Leon tiró de Mariel hacia los establos, y ella no podía evitar mirar con fascinación y algo de miedo los enormes caballos que se encontraban dentro de los corrales.

Él, por otro lado, solo iba muerto de risa y tratando e no ahogarse con su propia lengua porque solo a Mariel se le podía ocurrir una forma tan original de llamar “bruja” a su madre.

Finalmente se detuvieron frente a los caballos que les habían preparado y Mariel abrió mucho los ojos frente a un imponente frisón negro que parecía salido de una pintura épica.

—¿Siempre han sido tan grandes? —preguntó, deteniéndose en seco y Leon soltó una carcajada.

—Claro, Mariel. No me imagino montando un pony.

Ella lo fulminó con la mirada.

—¿Y si lo intentamos con uno más… compacto? Este parece un castillo con patas.

Leon se acercó a ella, levantando una ceja con picardía.

—¿Le tienes miedo a lo grande? —preguntó con un tono que solo podía describirse como descarado, y ella parpadeó, intentando descifrar si lo decía en serio.

—¿Me estás coqueteando, Leon? —replicó, poniendo las manos en las caderas y moviéndolas de un lado a otro.

—Es obvio, ¿no? —Él sonrió, acomodando las riendas del caballo—. Además, si planeas conquistar al idiota ese que te gusta, vas a tener que aprender a coquetear. Es un requisito básico. Por más que me moleste categoría Buzz Light Year.

—¿Y eso cómo es?

—Hasta el infinito y más allá —rezongó Leon y Mariel resopló, cruzándose de brazos y fingiendo, sobre todo fingiendo, estar muy ofendida.

—Bueno, para tu información, sí le tengo miedo a lo grande.

Leon río divertido, y sin previo aviso la tomó de la cintura y la levantó hacia el caballo.

—Entonces tendrás que superarlo. —La colocó en la silla y un segundo después subía detrás de ella con agilidad—. Pero para tu suerte, no tendrás que hacerlo sola.

Mariel soltó un pequeño grito al sentir al caballo moverse.

—¡Leon!... Esto no es lo que tenía en mente.

—¿Qué? —preguntó él con un tono inocente mientras colocaba las manos firmemente sobre las riendas, atrapándola entre sus brazos—. Míralo por el lado bueno: aunque aprendas a montar conmigo, puedes decirle a tu "idiota" que te enseñe, así tendrá que estar bien pegadito a ti. No es mala estrategia, ¿no crees?

Mariel se giró para dirigirle una mirada asesina y luego suspiró.

—No es mala forma de conquistar, lo admito. Solo espero que este bonito se porte bien, ¿verdad que sí?

Y toda la risa se le atragantó al futuro conde cuando Mariel se inclinó hacia adelante para acariciar el cuello del caballo, y vio su espalda bajar… su trasero subir… y aquella postura que le disparó la imaginación, poniéndola en la misma posición… en cuatro… sobre su cama… mientras él le hacía cosas en lenguaje de adultos. Tragó saliva y desvió la mirada, apretando las riendas con más fuerza de lo necesario y el caballo se despabiló, relinchando.

—Leon, ¿estás bien? —preguntó Mariel, mirando por encima de su hombro.

—Perfecto —respondió él rápidamente, tratando de sonar despreocupado.

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