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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 919

REGLA # 1. CAPÍTULO 19. Un hermoso espectáculo

Leon y Mariel caminaron hacia su habitación mientras las quejas de Verena resonaban en el pasillo detrás de ellos.

—¡Esto es inaceptable! ¡No pienso tolerar esta falta de respeto! —gritaba con una voz chillona y cargada de indignación.

Mariel apenas pudo contener una risa mientras apuraba el paso, tirando del brazo de Leon. Una vez dentro de la habitación, cerró la puerta de un portazo y se apoyó contra ella, con una sonrisa maliciosa que él conocía demasiado bien.

—Tienes esa mirada otra vez. —Leon cruzó los brazos, arqueando una ceja.

—¿Qué mirada? —respondió ella, fingiendo inocencia.

—La mirada de “voy a hacer algo que probablemente me meta en problemas”.

Mariel rio suavemente, caminando hacia la cama y sentándose con las piernas cruzadas.

—Mientras no me meta en problemas contigo, no me importa, y tengo la suerte de que a ti te encanta meterte en problemas conmigo o no le hubieras recordado a Freda lo de la escoba. Además, estoy segura de que tu mamá puso a Verena en la habitación de al lado solo para molestarnos más. —Ella lo miró con una chispa traviesa en los ojos—. Y si quiere jugar sucio, yo también puedo.

Leon la miró con curiosidad.

—¿Qué estás tramando, hadita con hormonas?

Mariel se levantó y caminó hacia él mientras sus ojos brillanban con una mezcla de desafío y diversión.

—Nada extraño, princeso. Solo tienes que... —Se inclinó hacia él y susurró— …follarme duro contra la pared.

Leon se atragantó con su propia saliva y dio un paso atrás, mirándola con ojos azorados porque su imaginación delirante era una cosa y otra muy distinta era que Mariel se la hiciera realidad.

—¿¡Qué!? ¿Estás loca? —gritó, pero ella estalló en risas en sus narices.

—¡De mentira! Solo para molestarla. No vamos a hacer nada de verdad. —Le guiñó un ojo—. Solo quiero fastidiar a la estúpida “nariz subida” de Verena. Y encima también es entrenamiento.

—¿Perdón?

—Pues sí. Nunca lo he hecho contra una pared. —Ella se encogió de hombros con naturalidad y Leon se llevó una mano a la frente y negó con la cabeza, aunque no pudo evitar reír.

—Estás completamente loca. Pero está bien, te sigo el juego.

Mariel sonrió, emocionada, y hasta aplaudió.

—Sabía que dirías que sí. ¡Eres el mejor! ¡Primero a bañarnos que hay que ponerse a tono con el espectáculo de la noche!

Y mientras ella iba al baño para "prepararse", Leon se sentó en la cama, sacudiendo la cabeza con incredulidad.

—¿En qué momento mi vida se convirtió en esto? —murmuró para sí mismo, aunque una sonrisa jugaba en sus labios.

Pero no tuvo más remedio que meterse al baño después de ella y una hora después cuando la oscuridad se cerró y escucharon el portazo en la habitación del otro lado, Leon fue el que puso cara de peligro andante.

—¿Lista para tu gran actuación? —preguntó.

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