REGLA # 1. CAPÍTULO 40. Regla número 1
Probablemente hubiera alguien que los escuchara, pero nada de eso le importaba a Leon. Sus manos la atraparon como si tuviera todo el derecho del mundo a toquetearla, y besó a Mariel con intensidad, como si con eso pudiera borrar cualquier sombra de Christian de su mente.
La sintió ahogar un jadeo de sorpresa, y reaccionar lo bastante rápido como para patearlo ligeramente en la espinilla, pero él apenas se inmutó. Cerró la puerta del cuartón de una sonora patada y gruñó contra su boca mientras le quitaba aquella chamarra con movimientos bruscos y le daba la vuelta, pegándola contra la pared con su cuerpo.
—¿Qué haces? —jadeó Mariel apoyando las palmas en la pared rugosa y sintiendo aquel calor desesperado que se desataba a su espalda.
—Estás incumpliendo la regla número tres, hadita —le susurró Leon al oído, acariciándole la piel con su aliento.
—Claro que no… —protestó ella intentando zafarse, o de lo contrario aquello se iba a descontrolar completamente.
—Siempre debes estar de mi lado —dijo él, levantándole aquel vestido y acariciando sus muslos mientras Mariel cerraba los ojos intentando que aquello no la afectara—. Y si yo digo que no puedes estar cerca del descarado de Christian, entonces no deberías estarlo.
Mariel trató de protestar, pero su cuerpo la traicionó. Su piel se erizaba con aquel simple roce de las manos de Leon que recorrían su cintura, y en lugar de palabras, lo único que salió de su boca fue un suspiro ahogado.
Lo deseaba tanto que dolía. Quizás antes se había enamorado de él, pero era muy jodido pasar de un amor platónico a todo aquel desastre de besos y gemidos que había entre ellos ahora.
—Leon… esto no está bien —dijo, aunque su voz sonó más débil de lo que hubiera querido.
Y él no respondió, solo se apoderó de su boca con un beso urgente y necesitado. Mariel trató de resistirse un segundo más, pero la desesperación de Leon la arrastraba, la consumía, y aunque odiaba la intensidad con la que la hacía sentir, no podía detenerlo.
Sus caricias se volvieron más insistentes, más profundas, y en pocos minutos estaban perdiéndose el uno en el otro como si el mundo fuera a terminar ahí mismo, dentro de ese cuartón. Todo lo demás desapareció: Christian, los celos, las dudas. Solo estaban ellos dos, devorándose como si no quedara otra opción.
Mariel echó atrás la cabeza, dejando que todo el aire escapara de su cuerpo con la primera embestida, y luego solo hubo, besos, sudor, y un ritmo urgente y delicioso que los llevó a los dos a un clímax desesperado.
—Quiero escucharte…
—Leon… no…
—¡Maldición Mariel, quiero escucharte! Quiero escuchar cómo te corres conmigo… solo conmigo…
Y no fue difícil que lo consiguiera, porque si hubiera sido menos bruto o menos ciego, habría sabido que Mariel solo quería hacer aquello con él, todo con él.
Cuando por fin los restos de aquel orgasmo iban desvaneciéndose, los dos respiraron agitadamente, y Mariel apoyó la frente contra la de Leon, intentando recuperar el aliento. Él la abrazó por la cintura, pero ella no le correspondió, porque no sabía explicarlo, pero era como si hubiera a un cansancio especial, o a una epifanía: la de que jamás conseguiría de él más de lo que ya tenía, y por desgracia lo que tenía de él ya no le alcanzaba.
—¿Qué le ves a Christian? —preguntó de repente Leon, con la voz ronca pero seria, y Mariel lo miró con el ceño fruncido, separándose un poco de él.
—¿Qué dices?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....