REGLA # 1. CAPÍTULO 49. Un amor inmenso
El sol brillaba intensamente sobre el campus universitario, iluminando el escenario donde una fila de graduados vestía sus togas y birretes. Mariel estaba sentada en el centro, con una sonrisa tan amplia que parecía iluminar el lugar; y definitivamente para Leon Roshtchild, dedicado esposo, magnate empresarial, loco a puertas cerradas y conde de su departamento, aquella chica iluminaba su día como ninguna otra cosa podía hacerlo.
Cuando su nombre fue llamado, Mariel se levantó con confianza, caminó hasta el escenario y recibió su diploma; y desde el público, Leon la miraba con un orgullo que no podía ocultar, sosteniendo un ramo de flores en las manos. Vestía un traje impecable, y con esa presencia maravillosa y elegante, y un montón de groserías, había mandado a volar a un cliente que se creía que podía hacerlo perderse la graduación de su esposa.
Cuando Mariel bajó del escenario, lo buscó con la mirada entre la multitud y corrió hacia él, dejando que la emoción la inundara.
—¡Lo logré! —exclamó, riendo mientras se lanzaba a sus brazos.
Leon la abrazó con fuerza, levantándola del suelo como si fuera una pluma.
—Sabía que lo harías —respondió con una voz cálida y llena de admiración antes de entregarle las flores—. Para la graduada más hermosa del mundo.
Mariel aceptó las flores, riendo mientras olía el ramo.
—Siempre sabes cómo hacerme sentir especial, muñeco —dijo, dándole un pequeño beso en la mejilla.
—¡Uy, y eso es porque todavía no te imaginas la sorpresa que te tengo!
Y no, la sorpresa no era prepararle una cena exquisita porque todas las clases de cocina por fin habían dado frutos, la sorpresa era prepararle la cena exquisita en boxer y con un delantal de elefantito con una trompa muy… sugerente.
—¡Estás loco! —exclamó Mariel muerta de risa mientras se acomodaba en una banqueta de la cocina, y Leon sonrió, pero había algo que Mariel no podía pasar por alto, en especial aquel día.
—Oye muñeco… —murmuró poniéndose seria.
—¿Qué pasa, hadita? —preguntó él, notando su vacilación.
—Nada… Bueno, escuché sobre lo que pasó con tu hermano.
Leon se detuvo por un momento y luego dejó escapar un suspiro resignado.
—¿Es cierto que Hannibal abdicó al título? —preguntó Mariel y lo vio asentir.
—Supongo que es una forma de decirlo, abdicó antes de que se lo quitaran porque… bueno, ya sabes, no debe haber gente de la realeza en prisión —murmuró.
—¿Negocios turbios? —lo increpó Mariel.
—Negocios turbios —confirmó Leon—. Creo que lo único bueno de que mi padre haya muerto el año pasado es que no tuvo que verlo. No sé cuántas generaciones de condes Rothschild fueron, pero todo terminó con él.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....