REGLA # 1. CAPÍTULO 48. Una nueva promesa
Parecía un pez fuera del agua, y Mariel ladeó la cabeza, entornando los ojos como si creyera que aquella era la reacción más tierna del mundo.
—¿Yo…? ¿En serio?
—¡Sí, tú muy en serio! ¡No sé cómo no te diste cuenta antes! —rezongó Mariel haciendo un puchero y Leon la abrazó con fuerza, como si quisiera asegurarse de que era real.
No era capaz de describir el desorden que sentía en su pecho solo con aquella idea, y un segundo después la levantaba por la cintura y la besaba de nuevo, con un entusiasmo casi infantil mezclado con una pasión que parecía nueva y familiar al mismo tiempo. Mariel respondió a su beso, jugueteando con su lengua sin poder evitar aquel jadeo desesperado por sentirlo más cerca, y cuando finalmente se separaron, Leon apoyó la frente contra la suya, riéndose suavemente.
—¿Cómo fui tan obtuso? —susurró, casi para sí mismo.
—Bueno, yo tampoco te lo puse fácil —bromeó Mariel, aunque su sonrisa no podía ocultar la ternura en su mirada—. Jamás te lo dije de frente. Pero no me arrepiento de haber sido tan cobarde, porque si te lo hubiera dicho…
Leon negó con la cabeza mientras cerraba los ojos.
—No me habría acercado a ti, porque soy un completo idiota —bufó Leon besándola de nuevo con desesperación—. ¡Maldición! Pensé que estabas enamorada de alguien más, alguien que no era yo, y me sentí… perdido. Pero ahora que lo sé, hadita, ahora que sé que siempre he sido yo… —Se detuvo y respiró hondo, buscando las palabras adecuadas—. No puedo creer la suerte que tengo. —Y por un instante Mariel pudo ver al chico arrogante y desquiciado del que se había enamorado perdidamente—. ¡Joder soy un suertudo! ¡Tengo a la chica!
—¡Leon…!
Él la interrumpió antes de que pudiera decir algo más, la besó como si estuviera a punto de devorarla y la hizo caer en aquel sofá, arrodillándose frente a ella y sacando un pequeño estuche negro de su bolsillo.
—Esto es lo que debería haberte dado la primera vez que nos casamos —dijo, mirándola con intensidad y Mariel vio aquel anillo que era como una extensión de ese collar que ya no se quitaba. Un diseño sencillo, pero hermoso, lleno de diminutos diamantes de color rosa que parecían brillar aún más bajo la luz tenue del departamento.
—¿Leon…?
—Mariel Keller —dijo él mientras su pecho se hinchaba de emoción—, quiero casarme contigo otra vez. Pero esta vez, quiero hacerlo bien. No por un acuerdo ni por una obligación. Quiero casarme contigo porque te amo, porque no puedo imaginar mi vida sin ti, y porque tengo un montón de votos sinceros que decirte ahora, y no podemos desperdiciarlo porque no nunca sabes cuándo me pondré bruto de nuevo.
—¿Te puedes poner peor?
—¡Claro que sí, soy un celoso perdido y tú seguirás en la universidad! ¿¡Tienes idea de cuántos dolores de cabeza voy a darte!? —replicó él—. Así que, por favor, aguántame toda la vida, cásate conmigo, hadita.
Los ojos de Mariel se llenaron de lágrimas mientras asentía con una sonrisa temblorosa.
—Sí, claro que sí, muñeco —respondió apenas en un susurro.
Leon se levantó y deslizó el anillo en su dedo antes de besarla de nuevo. Un beso lleno de promesas, de nuevos comienzos y de un amor que finalmente había encontrado su camino.
Sin embargo, para el momento en que se separaron, Mariel lo miró con curiosidad.
—Leon, ¿estás seguro de todo esto? —preguntó acomodándose en su regazo, y él frunció el ceño, confundido.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....