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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 952

CURVAS DE INFARTO. CAPÍTULO 2. Un impostor en casa.

Chloe ya no se sorprendía cuando su madre la mandaba a su habitación a comer. Era casi una tradición: la familia y los amigos cenaba y ella se quedaba en su cuarto, con la puerta cerrada, como si no estuviera allí.

Por supuesto, esa noche no era diferente, y como Claire había pasado a otro nivel en ese certamen de modelaje y su madre no podía estar más feliz, en cuestión de media hora comenzaron a reunirse algunos de sus amigos para celebrar.

Chloe ni siquiera intentó pelear por un asiento en la mesa. ¿Para qué? Estaba acostumbrada a comer sola, con la luz de la lámpara de su escritorio, el problema era que no podía quedarse sin comer así que hizo lo mismo de siempre, escabullirse hasta la cocina para ver qué se podía llevar.

—Qué bien que pasaste de nivel, Claire. Seguro que este es el comienzo de algo grande —le decía una voz masculina desde la sala y Chloe se quedó paralizada detrás del descanso de la escalera.

—Bueno… a mí me gustan las cosas grandes… —respondió su hermana y Chloe hizo una mueca de asco cuando la vio manoseando a un tipo que ni conocía.

“Demonios, su novio está afuera”, fue lo primero que pensó, pero la verdad era que no le sorprendía que Claire, como siempre, estuviera coqueteando con un hombre a espaldas de Nico. “Bueno, está a diez minutos de los cuernos”. Y lo peor era que ella no era quién para advertirle.

A Chloe no le molestaba que Claire hiciera lo que quisiera, pero sí le molestaba que, a pesar de todo, Nico pareciera tan genuinamente interesado.

—Ya basta —se dijo a sí misma, dando un giro y bajando por el otro lado de la escalera, alejándose. No tenía sentido seguir mirando ese circo—. Son los malditos celos hablando, Chloe… la puta envidia que te corroe porque te gusta el tipo, nada más… —susurró con esa veta de autodesprecio que su madre y su hermana le habían grabado tan bien en la cabeza—. Y lo gracioso es que un hombre como él no te miraría ni dos veces. ¡Tú y tus maldit@s ilusiones estúpidas!

Bajó las escaleras sin hacer ruido, con cuidado de no ser vista, y estaba en la cocina preparándose un sándwich, cuando desde el pasillo escuchó las risas y las voces de los invitados. Y algo en eso la detuvo en seco. Se quedó allí, paralizada, porque esa risa… sabía quién debía ser su dueño… y también sabía que no lo era.

¡Nico, era Nico a quien veía a través del cristal de la ventana…! Pero aquella no era la risa de Nico.

Contra todo buen juicio se asomó con sigilo a la puerta de la cocina y lo vio en el jardín. El cabello oscuro, la altura, hasta los ojos... todo era igual. Pero Chloe había escuchado su risa más veces de las que podía contar, y ese sonido, esa risa que conocía tan bien, no era la de Nico.

Este hombre se reía de manera distinta, más abierta, más mordaz, mucho más feroz y real. Era como una versión adulta y peligrosa de la misma persona y Chloe frunció el ceño.

Con el corazón acelerado, esperó allí hasta que lo escuchó disculparse y alejarse de los demás mientras sacaba su teléfono.

Chloe lo pensó una y mil veces, pero terminó corriendo hacia el despacho que quedaba por aquel lado de la casa y salió por una de las grandes ventanas para colarse también en el jardín trasero sin que nadie pudiera verla.

Un segundo después los setos altos lo ocultaron momentáneamente de la vista, y Chloe apretó los puños y se dio valor para tocar su hombro. Lo vio volverse y un segundo después los ojos del hombre frente a ella se abrieron con sorpresa, como si no pudiera creer lo que tenía delante.

—¿Tú qué demonios crees que haces engañando a mi familia? —gruñó la muchacha tratando de contener la voz para que nadie la escuchara—. ¡Tú no eres Nico! ¿¡Quién eres!?

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