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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 974

CURVAS DE INFARTO. CAPÍTULO 23. Un hombre "calmado"

Elías se soltó de Nico con un gesto brusco y caminó hasta ella, que se había hecho casi un ovillo sobre el césped para protegerse.

Chloe, todavía medio perdida, vio cómo Elías la miraba con furia contenida, pero también con un toque de ternura al verla tan vulnerable. Tenía el rostro mojado por las lágrimas, y no pudo evitar rodearle el cuello con las manos porque aun en medio del caos sentía que no estaba sola.

Elías se inclinó hacia ella, mirando su vestido roto. Algo dentro de él explotó al verla en ese estado, y un frío de rabia recorrió su cuerpo.

—Vamos a salir de aquí, terroncito. No te preocupes —le dijo con tono firme.

Se sacó la sudadera que llevaba puesta y se la puso por la cabeza a Chloe.

—Esto va a ser al estilo del lejano oeste, nena —le advirtió y con una rapidez sorprendente, la levantó y la cargó sobre su hombro, sin darle tiempo a pensar en lo que estaba sucediendo—. Te voy a sacar de aquí, y nadie te va a tocar, ¿me oyes? Nadie.

Chloe ni siquiera podía pensar con claridad, pero el gesto protector de Elías la hizo sentirse a salvo. Lo único que sentía en ese momento era una mezcla de miedo y agradecimiento, pero lo más importante: sabía que, a pesar de todo, él estaba allí para ella.

Nadie se metió en su camino mientras la llevaba hasta su auto, y para cuando la sentó en el asiento trasero, el cuerpo de Chloe temblaba y sus lágrimas no dejaban de caer.

—Malditos imbéciles, me van a pagar caro por esto —siseó él y en ese momento Claire salió de la casa con el ceño fruncido.

—¿Qué está pasando? —preguntó con voz autoritaria y Nico dio un paso al frente, clavándole una mirada fría.

—Se acabó, Claire. Terminé contigo —espetó—. Y te garantizo que vas a pagar por lo que intentaste hacerle a Chloe.

Claire palideció. Abrió la boca para decir algo, pero Nico ni siquiera le dio la oportunidad. Se subió al auto junto a su hermano sin mirarla de nuevo. Elías arrancó y Chloe se encogió en su asiento, abrazándose a sí misma.

—Respira, terroncito. Ya estás a salvo.

Ella asintió, pero de pronto soltó un gemido y se inclinó hacia adelante.

—Para el auto… —susurró con urgencia.

Elías reaccionó rápido, deteniéndose en la orilla de la carretera. Chloe abrió la puerta y vomitó, sollozando entre arcadas. Elías salió apresurado y puso una mano en su espalda.

—Tranquila, nena. Ya pasó, todo está bien…

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