—¿Si nos casamos casamos o esto es un sueño? — pregunta con los ojos cerrados. Huele bastante a alcohol.
—¿En qué momento te pusiste en esta condición? Te descuidé menos de una hora y te descubro así. No tenías que beber tanto esta noche Marianne — le recrimino sintiéndome ridículo.
—¿Cómo que no debía bebel? — hipa — Si la novia no bebe en su boda ¿quién sí puede beber?
Entro en el ascensor para subir a nuestra habitación, y doy al botón para ello. No me complico mucho para esto, era experto en maniobrar a una mujer en mis brazos y hacer otras actividades en simultaneo.
—Beber puede, no todo el bar — le recuerdo.
—No me bebí todoooo el bar. Nada más una botellita de… de… ¿qué fue lo que bebí? — se confunde ella, yo reviro mis ojos. Salgo del ascensor — Era para los nervios.
—Imagino que lo era — digo sarcástico abriendo la puerta a nuestra suite.
La visión que me da más molesto me pone. Los pétalos en la cama, las velas por los estantes, el champagne con las copas para brindar. Todo se había ido al carajo porque era evidente que esta sería otra m*****a noche sin tener sexo con Marianne.
La acuesto en la cama y me dedico a sacarle los zapatos para concentrarme en algo que no me hiciese dar puños al aire de lo frustrado que estoy.
—¿Estás molesto conmigo? — pregunta sentándose a duras penas en la cama y afincando su barbilla de mi hombro.
—Sí, lo estoy.

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