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Un contrato inesperado con mi jefe romance Capítulo 127

El regreso a la realidad es triste, pero necesario. Había regresado a Belmonte Raíces a volver con la rutina y esta vez con la mano izquierda con dos anillos de quizás mayor valor que mi pequeño departamento, ese que seguía pagando. Ironías de la vida.

—¡¿Qué haces aquí Marianne Belmonte?! — exclama Giana que estaba pasando por mi escritorio. Tiene una expresión de sorpresa. Se acerca a mí — ¡Te hacía adornando y dándole tu toque a tu nuevo departamento de lujo!

No le presto mucha atención a su argumento, estoy analizando por quinta vez los contratos de venta del New Century. En unas horas concretaríamos la ansiada venta.

—Una empresa de mudanzas se está encargando de llevar mis cosas y arreglarlas. No tengo tiempo para mudanzas, ni redecoraciones innecesarias. El departamento está bien así — revelo al pendiente de mi computadora.

—Debe estarlo. ¿No le alquilaste una propiedad de cinco estrellas? — se recuesta de mi cubículo.

—Así fue.

Ella toma la silla a mi lado, se sienta y se me arrima. Sé que va a querer chismear, la conozco demasiado bien y tampoco habíamos podido sentarnos a charlar bien desde mi llegada.

—¿Nos vamos a beber unas cervecitas al salir del turno de hoy? Quiero detalles explícitos y sucios de esa luna de miel en las Maldivas.

—Sin las cervezas te acepto la invitación. Luciano prácticamente me prohibió beber contigo en espacios públicos — comento con una media sonrisa.

—¿Ya comenzaron las prohibiciones de tu marido? — dice ofendida — como iniciamos fuerte, ¿también te enseñó su cuarto rojo?

—¿Cuarto rojo? ¿Me casé con Cristian Grey o qué?

—Sólo un controlador te prohibiría no irte de cervecitas con tu mejor amiga.

—Si el alcohol es tan importante para ti, espera unas semanas a que me sienta cómoda en su departamento para beber lo que quieras. Tengo que adaptarme.

—Acepto ambas propuestas. Te dejaré terminar, pero… dame un adelanto. ¿Dónde consumaron su matrimonio? ¿Fue en el hotel del matrimonio o uno de esos lados lejanos?

Suspiro porque sé que no me dejará tranquila hasta que se lo revelo.

—Fue en el avión a Sri Lanka — revelo.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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