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Un contrato inesperado con mi jefe romance Capítulo 130

—Noooo. Me refiero a sí… — ahora me susurra como si tuviésemos compañía — ¿ya tuviste sexo en ella con tu esposo?

—No Giana. No he tenido sexo en ella con Luciano — exclamo ofendida… y excitada por la idea.

—¿Me la prestas a mí para hacerlo con Derek? — pregunta como si nada.

—¡No! — alzo mi voz, después lo reconsidero — No antes que yo la estrene.

Ambas nos morimos de la risa por el comentario. Es una noche tranquila sin mucho tráfico lo cual agradezco. Tampoco es que sea muy tarde, son apenas como las 9 de la noche.

—No tardarás en hacerlo después de que te pongan el DIU. Es lo mejor que a mí me pudo pasar. ¿Tienes la cita para mañana no?

—La tengo — digo concentrada en la carretera.

—Tampoco vuelvas a tocarle el tema de los hijos por unos cuantos años. Agárralo en la bajadita de los 40. Ahí es que la crisis de esos años lo obligará a querer dejar su semilla en la tierra.

Tengo que reírme ante el consejo de Giana.

—¿Ahora eres una borracha medio filosófica, medio psicóloga?

—Lo que soy es… una mujel… mujer, sabía… y borracha — más risas de las dos.

Me permito tomarme su consejo en serio por unos instantes. Para cuando Luciano tenga 40, yo tendré 30. Me parecen edades adecuadas para tener hijos. Pero dejo de tomarme en serio su consejo al calcular que eso será seis años en el futuro, y es imposible que nuestro matrimonio dure eso.

Llegamos finalmente al departamento de Giana, ese donde Derek la está esperando en la puerta y la ayuda a bajar de la camioneta. Nos despedimos, y me dirijo a mi nuevo hogar, dulce hogar.

…..

La sensación de extrañeza que tengo cuando en seguridad me dejan pasar con facilidad, es grande. La misma la experimento al ir subiendo por el ascensor y al ingresar en el departamento con la misma facilidad. Viviré desde ahora bajo el mismo techo que Luciano, es irrealista cuanto mínimo.

En lo que entro, un olor muy rico capta mi atención. Me dirijo hacia este dejando mi maletín y cartera en uno de los sofás, para descubrir que el origen del olor es la comida servida en la mesa del comedor. Esa donde está sentado… Luciano.

—¿A quién esperas? — pregunto dudosa.

—A ti. ¿A quién más? — responde sin complicaciones de por medio.

Me siento entre la sorpresa y el placer de que me haya esperado con comida. Le llegué a escribir que no planeaba cenar con Giana, sólo algunos tragos.

—¿De dónde salió la comida? — vuelvo a cuestionar tomando el primer bocado de la pasta.

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