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Un contrato inesperado con mi jefe romance Capítulo 131

6 meses después

El sonar de la alarma de mi celular me hace despertar de mi plácido sueño. Extiendo mi mano para detener el sonido y estiro todo mi cuerpo en esta cama gigante en la que estoy sola. El aroma a café recién hecho me llega desde aquí y me tienta a salir de esta con rapidez. Tomo mi bata de seda y ato un lazo en mi cintura mientras voy saliendo de la habitación.

La imagen era la usual de los viernes de limpieza profunda en este departamento de lujo. Visualizo a tres empleadas ocupadas en esta tarea, mientras que a un par más en la cocina preparando el desayuno.

—Buenos días a todas. ¿Cómo están? — las saludo.

—Buenos días señora Marianne — me contestan al unísono.

—Sonando como un coro puedo decir… — bromeo a lo que la mayoría ríe.

Teresa que es una de las chicas que trabaja en la cocina, me sirve una taza de café bien cargado al ocupar un asiento en la mesa del comedor. Me informa que me han preparado waffles y me los traen. Degusto de mi desayuno en la tranquilidad del que es mi nuevo hogar.

Ese nuevo hogar al que me he podido adaptar muy bien. En realidad, no había mucho de lo que preocuparse viviendo en un departamento de este tipo, no es como si me tuviese que encargar de la limpieza al tener un par de empleadas fijas que ni se sentían. Tampoco es que lo tuviese que hacer los viernes donde venían más empleados a limpiar a fondo.

Mi única asignación aquí era dar órdenes y pagar sueldos o gastos del departamento, lo último con dinero que no era mío. Sino de Luciano. Hablando de Luciano, él no está en el país, se fue de viaje de negocios como acostumbra hacerlo de vez en cuando.

—¿El señor volverá hoy o su vuelo fue reprogramado? — cuestiona Teresa sirviéndome jugo de naranja.

—No me ha informado de lo contrario. Debería estar llegando en la tarde. Esperemos — digo distraída comiendo.

—Debes extrañarlo mucho. No se pueden quitar las manos de encima cuando están juntos… — comenta chismeando ella.

El bochorno es real con ese comentario. Puede que fuésemos muy pasionales al estar juntos en general. Para Luciano cualquier lugar de este maldito apartamento era uno bueno para tener sexo ruidoso. Con lo cual estaría de acuerdo, pero el problema de tener empleados fijos en departamentos es que parte de su trabajo era ser invisibles y silenciosos. Lo que hacía que algunas veces se nos olvidase de su presencia, y ellos por accidente o mala suerte nos viesen en plena escena porno.

Estoy comenzando a pensar que Luciano tenía un fetiche por el exhibicionismo. También que era un adicto al sexo, tenía que serlo porque al estar en la ciudad rara era la noche que me dejaba descansar. ¿Me quejaba? Digamos que… no.

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