Narrado por Luciano Brown
La rutina me aburre, estar en el mismo sitio me aburre y estar con la misma mujer por más de un mes, es una sentencia de muerte por aburrimiento. Entonces, ¿por qué estoy ansioso de llegar a mi departamento a ver a Marianne?
Ni yo mismo me explico lo que ha pasado estos seis meses de matrimonio. Lo único que sé es que estoy bastante obsesionado con ella. Tan obsesionado como para venir directo de un vuelo de 10 horas a verla. En lo que abro la puerta y soy recibido por una de las empleadas, le pasó mis maletas a duras penas, mi atención está destinada en su totalidad a Marianne.
A ella que está en la cocina salteando vegetales con suma concentración. Marianne había hecho un curso de comida china en mi ausencia, y debía estar aplicando sus conocimientos. Lo sabía y recordaba porque nos llamábamos casi todos los días, aunque sea unos cinco de minutos.
Lo cual me resulta un hecho vergonzoso y una consecuencia de mi obsesión hacia ella. Era difícil no estarlo cuando ella suele mirarme de la forma en la que lo está haciendo ahora. Sus ojos brillan al darse cuenta de que he llegado.
—¿Qué haces aquí así de temprano? — pregunta entre la sorpresa y la alegría.
Ese es un problema, según mis estimaciones después de seis meses, Marianne debía estar odiándome o siendo indiferente conmigo. Le he dado información como para que me odie con profundidad, no lo hace todavía.
—Los vuelos salieron a su hora — respondo quitándome la chaqueta.
—¿Has comido? ¿Quieres probar un poco de mi Chop Suey? — ofrece.
Lo cierto es que comí en el avión, pero me lo dice con tanta ilusión que no me le puedo negar. Además, están todavía limpiando a los alrededores, no va a querer acostarse conmigo todavía. Tenía que buscar una excusa para estar con ella.
—Sí, quiero probarlo. Estoy hambriento — resuelvo ubicándome en el comedor.
A Marianne esto le emociona más, sirve la comida y la viene a traer a la mesa. Aparte del Chop Suey hay pollo frito y arroz blanco. Ella se me une, se sienta a mi lado de forma que nos quedamos viendo al horizonte por la bonita vista que tenemos. Como algunos bocados.
—¿Cómo está de sabor? — cuestiona interesada.
—Te pasaste un poco con la sal, pero está rico.
—¿Si verdad? Es que duplique la receta para tener comida que recalentar para la otra semana. Quiero llevar al trabajo. Soy un peligro con la sal — explica mientras come.
—No eres lo único con lo que eres un peligro — bromeo.
Ella ríe y le hablo de lo que hice en mi viaje. Ella habla de lo que hizo en mi ausencia. Me llama la atención que Marianne no me interrogue con más profundidad sobre mi viaje, ni cuestione si le digo la verdad o no. Si algo he vivido en estos meses de matrimonio ha sido mucha calma y tranquilidad. Ella no me hostiga, no me hace escenas de celos, nada.

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