Me estiro para tomar con suavidad el celular de Marianne. Ese que está a su lado. Lo tomo e ingreso la clave que ella me dio. Puede que Marianne esté siendo tentada de estar con otro hombre, por eso me está tratando así de bien.
Era lo que yo solía hacer, en lo que andaba jugando con más de una mujer, y me convenía tener contenta a las dos, hacía un esfuerzo extra. Pero me decepciono al ver que no hay nada sospechoso con ningún hombre. A no ser que contase las conversaciones subidas de tono que tenía con Giana hablando sobre mi pene o las charlas de negocio con el lambiscon de Mateo, no hay nada.
Suspiro y dejo el celular donde está. Vuelvo a ver el techo esta vez humillado. Estoy seguro de que le he revisado más veces el celular a Marianne de lo que ella me lo ha hecho a mí. Estoy buscando enemigos imaginarios, me he convertido en una mujer prácticamente.
Para completar, en su sueño, Marianne viene a mí, a abrazarme, da un largo ronroneo de satisfacción.
—No me la pones fácil. Eres una mujer extraña — menciono.
Esta vez es mi celular el que suena. Lo tomo para leer el mensaje que me llegó. Es de una promoción de mi compañía de telefonía, sólo que este no es en realidad un mensaje de mi compañía de telefonía. El número del que me lo mandan, y los códigos en este, me lo dicen.
Ellos me quieren ver.
Salgo del abrazo de Marianne sin que esta se despierte, y me dirijo a mi estudio. En lugar de ir a la caja fuerte detrás del cuadro principal, me voy a mi verdadera caja fuerte en el suelo debajo de mi escritorio. La diferencia entre ellas, es que la primera había venido con el departamento y tanto Marianne como cualquiera con acceso a los planos de este sitio conocía de ella. La segunda la hice yo mismo para mis necesidades.
Accedo a esta, y está tal cual la deje. Con los discos de memoria, los archivos impresos en papel, algunas de mis armas, algunos de mis pasaportes y algunos de mis celulares. Tomo el adecuado para el mensaje que recibí. Al encenderlo, recibo la dirección del sitio de encuentro. Allí era donde debía ir.
…..
El sitio de encuentro es un bar pequeño de la zona. Hay algunos clientes aquí y allá, pero quien resalta es él. Mohamed que está a mi espera en la barra. En lo que me ve, sonríe.
—La vida de casado te sienta bien. Mi trabajo ha sido aburrido desde que te casaste — menciona.
Digamos que Mohamed es el encargado de “protegerme”, más bien vigilarme. Él y quien sea esté de turno en la guardia. Antes era como él, ahora soy como soy. Un preso más de la vida. Porque la jodí, y este es mi castigo. Perder mi libertad… o casi toda ella.
—Lamento aburrirte de tal manera. Mantenerte entretenido siempre ha sido mi más grande prioridad — respondo sentándome a su lado. Él sonríe.
—¿Cómo lo has hecho? Escoger a la esposa más problemática posible y mantener las aguas quietas por medio año. No lo comprendo todavía — continua.

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