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Un contrato inesperado con mi jefe romance Capítulo 136

—Que te torturarán por una m*****a semana. ¿O es que las palizas y las descargas eléctricas no fueron suficiente? Tuviste suerte de que te encontrásemos en una redada, una hora más y te hubieses quedado sin dedos en la mano izquierda, imbécil.

—Qué exageración Julia por Dios. Sólo llegaron a cortarme el dedo medio — se lo enseño encogiendo los otros para ser más pictórico. Las marcas de los puntos ahí están — ¿Lo ves? Me lo reimplantaron. Como nuevo.

—Hijo de puta — refunfuña muy molesta.

—Lo soy, literalmente — sonrío disfrutando de mi cigarrillo.

No pretendo parecer o actuar como un hombre cuerdo, porque evidentemente no lo soy. El dolor es relativo, y luego de algunos días sin comer o dormir como parte de mi castigo por acostarme con la mujer de un mafioso de alto nivel, sinceramente, que me amputasen un dedo no estuvo tan mal. Ni sentía mis manos para ese nivel.

Además, lo más importante es que no solté prenda sobre mi rol como agente encubierto. Eso es algo que ni Julia, ni nadie en el equipo comprende. Que las grandes ganancias conllevan grandes desafíos. Trabajé a Anfisa por mucho tiempo, y sólo fingiendo que lo abandonaría todo por ella, fue que me pudo dar ese disco duro con información tan valiosa.

El inconveniente fue que nos atrapasen, me hiciesen lo que me hicieron, y que la tortura fuese extra Premium porque sospechaban de mí. De que los Brown quisieran hacerle competencia o fuese un informante de la policía. Pude resguardar el disco duro, la información todavía no ha sido usada para tumbar a Vladimir y sé que Anfisa no hablará, si hablase ella estaría muerta también. Estoy relativamente a salvo.

—Mi pregunta final es… ¿dejarás que tu venganza personal en contra de América arruine nuestra misión? — cuestiona Julia.

—“Nuestra misión” me suena a multitud. Estoy retirado, viviendo una apacible vida en la que soy vigilado como un perro.

—No estás siendo vigilado, estás siendo protegido. Tú y toda tu familia — me corrige.

—Sigue sin ser mi problema su misión. Ahora defiendo a mis propios intereses.

—¿Dejar a tu madre en la ruina? ¿Arruinar los avances en el proyecto Kosnikov porque te sacamos por desacato? — menciona.

En resumidas cuentas, más o menos era eso. Haría caer las caretas de América y su combo. De paso, sabía que me volverían a reintegrar en el proyecto Kosnikov. Tienen que hacerlo, eventualmente. No me podían quitar mi puesto.

Yo no podía dejar de hacer lo que hacía. De todos los lujos en la vida sólo el peligro me hace sentir vivo y completo. Tampoco lo soportaba, la basura e inmundicia que la gente de mi estatus social hacía gracias al dinero. Por lo menos, yo me ponía en riesgo a mí mismo. No me aprovechaba de los demás robándoles su salud, su niñez, su dignidad, ni su libertad.

—Esta conversación está siendo más larga de lo que quiero. Mi mujer se puede despertar, tendremos que cortarla — informo levantándome y apagando el cigarrillo.

Le doy la espalda a Julia, pero ella se resiste a dejarme ir.

—¿Realmente la amas? … ¿Más de lo que llegaste a amarme a mí?

Su pregunta me hace congelar de lo directa que es. Conocía a Julia, o lo más que podías conocer a la compañera de trabajo con trastorno de personalidad múltiple que te cogías en tu tiempo libre. Me sorprende que alguien como ella esté haciendo esa pregunta. Julia era del tipo que odiaba a los hombres, aunque por mala suerte le gustaba llevarlos a su cama.

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