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Un contrato inesperado con mi jefe romance Capítulo 141

A Luciano se le va cayendo la sonrisa pícara, y se va enseriando.

—Suelo ser así cuando entro en confianza en una relación. Soy un hombre detallista.

—No me digas. ¿En cuánto tiempo es que lo sueles hacer? — hablo rozando la ironía.

—Como… ¿seis meses? — se acaricia la barbilla.

Mientras más bromea, más ganas tengo de hacerle daño.

—Entonces vas a seguir mareándome con tus vueltas, y no me dirás la verdad. Negaremos que cada vez que me das un regalo grande es porque la has jodido. ¿O se te olvidó bajo cuál circunstancia me regalaste la camioneta? — suelto mi sospecha que se está convirtiendo en una certeza.

Luciano podría contestarme con la verdad que guarda detrás de esa expresión fría. ¿Lo hará? Ya sabemos que no lo hará. Estoy prediciendo que me saldrá con uno de sus estúpidos chistes que caen mal en este contexto.

Hasta iniciaré la cuenta regresiva. 5…4…3…

—¿Pasamos de tema a uno en el que no apuñalas mi débil corazón mujer? — dice cumpliendo con mi predicción — ¿Cómo te fue en la reunión?

Cambio el peso a mi otra pierna, me cruzo de brazos y miro hacia atrás. Quiero darle una sacudida para que sea fiel a su palabra, no es justo que me esconda cosas. Si de por sí nos hemos confesado la cantidad de locuras que hemos hecho qué puede ser así de grave. Igual, no es que ganaré esta batalla en los próximos segundos. Me siento frente a este.

—Fue perfecta. No tuvieron más opción que darme el crédito que merezco — afirmo.

—Tu nombre está plasmado por todas partes de ese proyecto. Era lo que debía ser. ¿Discutieron sobre las postulaciones a las gerencias vacantes? — menciona bebiendo de su termo.

La reunión de temprano había sido también para discutir sobre ciertas vacantes en nuestra empresa. El gerente de operaciones se jubilaría en unos meses, y el gerente de ventas se mudaría de país por una mejor oferta laboral. New Century y la reputación que iba formando en Belmonte Raíces había hecho crecer mi autoestima laboral, plantearme que no tenía nada de malo ser ambiciosa y que tocar la puerta no es entrar.

—Sí. Me postulé para ser gerente de ventas — le comunico con firmeza a Luciano.

La reacción de Luciano no es una muy buena, escupe el café que estaba bebiendo.

—¿Estás bien? — me asusto con su reacción, hasta salpicó su escritorio.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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