—Es una oferta tentadora, pero… — bostezo y tapo mi boca — paso de ella.
—Tenemos que trabajar en tu necesidad de llevarme la contraría…
—También en tu necesidad de mentirme con compulsión.
—Auch. Vuélvete a dormir, anda — bromea él. Lucho para no sonreír, e igual lo hago.
A pesar del éxito de este día, todavía no puedo olvidar la particularidad en la que vivo. Relacionado con Luciano, está la impresión que tuve temprano de… Mohamed. Haberlo visto. Con el riesgo de que me vuelva a mentir, lo enfrento.
—Esta tarde creí haber visto a alguien que no debería estar en la inauguración…
—¿Quién? — pregunta dudoso concentrado en la carretera solitaria.
—Mohamed… — digo analizando su reacción. No tiene ninguna.
—¿Quién es Mohamed? — es lo que contesta con confusión después.
—El hombre de nuestra luna de miel. ¿No te acuerdas de él?
—¿El de las Maldivas? ¿Qué haría aquí? — él frunce su ceño.
—No lo sé. Dime tú. Me dijiste que nos seguían cuando estabas borracho. Me pregunto si es él uno de ellos — argumento.
Hay un cambio ligero en la expresión de Luciano. La puedo describir como irritación.
—¿No me contestarás? — lo empujo.
—No tengo nada que contestarte.
—Sí tienes algo que-
Siento una sacudida grandísima en el auto. Mi cuerpo sale impulsado hacia adelante, pero por tener el cinturón de seguridad no pasa a más que un susto. Luciano ha dado un frenazo en seco no porque se hubiese vuelto más loco de lo que está, sino porque… delante de nosotros hay una camioneta negra inmóvil.
No sé de dónde salió la camioneta, lo único que sé es que, por frenar delante de nosotros en seco, hace que casi Luciano le hubiese chocado. Mi esposo se baja con el diablo en la boca.
—¿Qué haces? No tienes que bajarte — le imploro agitada con temor porque es que estamos solos en la carretera.
—Quédate dentro — ordena viendo con ira a la camioneta.
Luciano está dirigiéndose a la camioneta en la mayor de las tensiones posible. Me aferro a mi cinturón nerviosa por lo que observo. Luciano está peleando con el conductor que no puedo ver desde aquí. Se nota que está exaltado y diría que insultándolo. Se quedan en eso por un rato.
Para mi tranquilidad, él regresa al auto en lo que la camioneta se marcha.

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