Entrar Via

Un contrato inesperado con mi jefe romance Capítulo 166

—Lo mío también lo fue — dice él con tanta… con tanta tranquilidad. La misma que usa para sacarse el celular del bolsillo y llamar — Ven a limpiar, se nos salió de las manos hoy.

Me siento enferma, y perturbada con lo que acabo de experimentar. Tan nauseabunda que vacío mi estómago en la tierra hasta quedarme esta vez sí, sin ningún rastro de conocimiento.

……

Algunas veces tu cuerpo te falla cuando no puede más. Este ha sido mi caso hoy. Siento que estoy a poco de despertarme de mi desmayo, pero el inconveniente es que preferiría no despertarme. Por más que haya rogado por la verdad, ahora que estoy así de cerca, me aterra conocerla, quiero postergarla.

Me rehusó a abrir mis ojos, igual puedo escuchar las voces a mi alrededor.

—¿No habrás sido tan estúpido como para embarazarla? — oigo la voz de una mujer.

—Deja de decir estupideces tú. La vas a despertar. No la molestes — oigo la voz de Luciano.

—Por favor… — habla la mujer en tono burlón — Ni que estuviese hecha de cristal. Por cómo la tratas pareciera que sí.

Mis sentidos se despiertan esta vez, sé que es la misma mujer que estaba con él antes y después del tiroteo. Abro mis ojos para verla tal cual. Aunque… ahora tiene el cabello rubio y está sentada en una esquina de la habitación donde estoy. Ella es una mujer atractiva, de facciones duras y que me mira sin expresión. Mientras que la habitación es una pequeña, semejante a la de una clínica.

—¿Cómo te sientes? — pregunta preocupado Luciano al lado de mi cama.

No soy capaz de aceptar que el hombre que asesinó a otra persona fuese este mismo. Mi alegre, descarado y divertido Luciano. No hace sentido. Tenían que ser dos personas diferentes.

No le respondo, hago una exigencia. Odio que ella esté aquí. No me gusta, me desagrada.

—Quiero hablar a solas contigo. Qué se vaya — le pido de una sola vez a él.

Tampoco tengo que voltear para saber que la mujer esa se ha ido por su propia cuenta. Escucho la puerta cerrándose.

—¿Dónde estamos? — cuestiono viendo alrededor. No hay ventanas.

—Qué importa. Estás a salvo. Conmigo — él quiere ponerse meloso, tocarme y recostar su cabeza de mi hombro.

Me alejo de él para que no me toque. Es un gesto que a Luciano le lastima.

—¿A salvo de quién? ¿De ti? Vi lo que hiciste Luciano. Mataste a una persona sin pestañear — acuso en un gran conflicto interno.

—Lo hice para salvarte — responde seguro de sí mismo — ¿Quieres que me arrepienta de matar a otro asesino? Porque no estoy arrepentido.

Llego a una realización.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Un contrato inesperado con mi jefe