—Yo que tú no saldría de aquí. Complicarás nuestro trabajo si así lo haces… — me dice… la mujer rubia de más temprano.
Ella está recostada de una de las paredes de afuera. Reviro mis ojos ante el hecho de que siga aquí, y Luciano bien gracias, ido.
—¿Es eso una amenaza? Si lo es, dímelo de una vez. Estoy harta de esta m****a de espías secretos — exclamo.
Ella se ríe bastante.
—¿Me dejas pasar? Yo puedo hablarte con más claridad de cuál es tu verdadera posición en esta operación Marianne — invita.
Es una invitación que acepto, por más desagradable que me parezca esta mujer. Y por más que ese desagrado sea causado por la confianza que siento hay entre ella y el que es por los momentos mi esposo.
…….
El silencio que está mujer y yo sostenemos en la habitación es total. Ella ha tomado una silla para sentarse a mi frente, pero lo más lejos de la cama donde estoy. Igual ando sentada aquí, esperando para que hable.
No hemos charlado antes, e igual sentía como si ella me odiase a mí, y yo la odiase a ella. Creo saber la razón, aunque me cuesta vocalizarla sin parecer una demente celopata.
—Creía que tenías muchas preguntas por hacerme… ¿No las harás? — invita ella.
—¿Desde cuándo trabajas con Luciano? — pregunto para romper con el silencio.
—Muchos años. Más de los que puedas imaginar — responde ligeramente.
—¿Cogieron, verdad?
—¿Eso estuvo en duda alguna vez? — vuelve a responder con burla.
Me muerdo la lengua, porque es lo único que puedo hacer. Por lo menos no era una demente celopata.
—¿Dónde estoy? Dame la dirección exacta. Quiero que me devuelvan mi celular, pediré un taxi para irme de aquí.
—¿No escuchaste la sugerencia que te di? Será más fácil que te quedes aquí. Tampoco tendrás que dar excusas sobre el aspecto de tu rostro — recomienda.
—Más fácil para ustedes será. Tengo entendido que “estaba siendo protegida” por ustedes, e igual casi me secuestran. ¿No es mejor que esté en mi casa? — imito la superioridad con la que me ha hablado desde el inicio.

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