—¿Realmente quieres que nos vayamos juntos? ¿Lo quieres abandonar todo por mí? — pregunta todavía desconcertado, como si no se lo creyese.
—Si vienes conmigo, sí. Puedo ir a dónde sea, no me dejes — aseguro.
Él comprende que no lo estoy diciendo en juego. En su rostro nace una leve expresión de ilusión, en el mío también. Había llegado a un punto en el que no concebía mi vida sin Luciano, en el que me dolía a muerte imaginar una vida sin él. Le amaba con profundidad, y sabía que él tenía fuertes sentimientos hacia mí. No sabía si eran amor, no sabía qué rayos estoy haciendo, pero igual me arriesgaré.
Luciano va de nuevo al armario a sacar otra maleta y ropa esta vez de él. Lo cual me da una bandera verde para armar mi propia maleta con mis indispensables. Los dos nos apresuramos a empacar nuestras vidas en dos maletas de mano, y en cuestión de segundos, estamos bajando con ellas al estacionamiento.
Nos montamos en el auto en el que vinimos, Luciano arranca en este a máxima velocidad. Estoy agitada, nerviosa y excitada al mismo tiempo. No quiero pensar en el pasado, ni en el presente. Lo único en lo que quiero pensar es en el futuro que nos queda juntos.
Pasados algunos minutos, la noche empieza a caer y con ello entramos en la autopista. Todo parece ir bien, hay pocos autos a nuestro alrededor… hasta que todo parece ir mal.
Se nos mete de costado a una velocidad absurda, una camioneta. El golpe es tal que se me sale un grito ridículamente alto. Luciano intenta maniobrar lo mejor que puede y desviar su auto de la camioneta que nos quiere volver a embestir, pero durante esta maniobra, otra camioneta nos embiste del lado contrario.
Esta vez el golpe es peor y el mundo se pone de cabeza. El auto en donde estamos se vuelca. La primera vuelta la puedo soportar, la segunda y tercera cuando se vuelve oscuro mi alrededor, no.
……
Respiro con dificultad, siento dolor en cada extensión del cuerpo y abro los ojos agitadamente. Estoy en una camilla en movimiento rodeada de gente extraña con uniformes de hospital, hablan cosas que no entiendo muy bien.
Aunque vea borroso, puedo reconocerlo, a Luciano yendo a un lado conmigo. Su cara está cubierta de rasguños rojos y de la mayor expresión de dolor que le he visto.

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