No he podido pegar el ojo en la noche, no he podido ni desayunar bien y menos puedo concentrarme en la felicidad de Giana este día. Estoy de hecho en la suite de hotel en donde sus damas de honor son maquilladas y peinadas para su boda.
Allá está Giana con una bata blanca de seda que atrás dice “Novia” y muchos rulos en la cabeza. Anda riendo con una de sus cuñadas, no es la única que ríe. Esta habitación está repleta, son en total cinco damas, más su abuela y madre, más yo que sería la madrina. El desorden de arreglar a nueve mujeres al mismo tiempo es notorio.
Es una lástima que no pueda compartir la algarabía de este día especial. Mientras espero en la fila para que me maquillen a mí, tengo a Amy dormida en mis piernas. También debo tener un rostro de tragedia inmenso. ¿Cómo no tenerlo? ¿Por qué había visto a Luciano con tal lucidez?
De vez en cuando soñaba con Luciano, de vez en cuando lo recordaba, de vez en cuando lloraba por él. Sin embargo, la visión que tuve ayer de él era extraña. No solo fue tan nítida como real, sino que su aspecto era diferente al que tenía la última vez que le vi. Esta visión llevaba el cabello más largo, más barba, vestía diferente.
¿Cuáles eran las posibilidades de que no fuese un producto de mi imaginación? ¿Qué era más probable? ¿Serlo o no serlo? Ese era el cuestionamiento que no me había dejado descansar.
—Traerán pizza como almuerzo. ¿Cuál te apetece? — se acerca Giana mostrándome las opciones en su celular.
—No tengo mucha hambre. Comeré la que sea. A Amy le gustan sencillas, una margarita si es posible — le comento.
Entonces Giana aparta su celular de mí y me mira sumamente mandona.
—No has tocado los snacks para picar desde que llegaste — señala a una esquina de la habitación donde hay varias opciones ligeras para comer — Y luces como una muerta viviente con un tic en las piernas.
—No luzco como una muerta viviente con un tic en las piernas — porfío para que Giana tenga que detenerme las rodillas. Las estaba moviendo sin parar — Es para que la niña pueda dormir más a gusto.
Giana suspira exhausta de mí.
—Últimamente pones a Amy de excusa para todo. Espero que no la pongas de excusa también para darle más largas al pobre de tu novio — asegura esta.

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