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Un contrato inesperado con mi jefe romance Capítulo 185

¿Qué hubiese el triple de invitados que en la iglesia le ha arruinado la fiesta a los esposos? Para nada. Han dado discursos, han servido la cena (la cual casi no toque), le he dado como cinco vueltas a Amy en el área de guardería con otros pequeños y le he aceptado un par de bailes a Mateo.

Lo he hecho bien, me repito a mí misma de camino al baño. En lo que me encierro en uno de los cubículos, ocupo el inodoro y tapo mi rostro con mis manos. La verdad no me siento bien, me siento inquieta y descompuesta. Quiero que esta noche se acabe pronto.

—No puedes irte de la boda de tu mejor amiga así de temprano. Todavía falta mucho. Eres su madrina — me regaño a mí misma.

Faltaba demasiado tiempo y actividades de la boda. Abrazo mi estómago y miro por debajo de la puerta, hay algo que llama mi atención.

Puedo ver los zapatos de un hombre, aunque se supone que este es el baño para damas. Para más misterio los zapatos están parados frente a mi cubículo, como si estuviesen viendo al sitio donde yo estaba encerrada.

Me quedo viéndolos en silencio, extrañada y desconcertada.

—¿Quién… anda allí? — pregunto temerosa.

No recibo una respuesta. Mi pecho se siente apretado.

—¿Hola? — vuelvo a repetir.

Escucho de repente risas de mujeres que están entrando al baño, aunque estas como que se cortan.

—¿Estás esperando a alguien? ¿No podrías hacerlo afuera? Es el baño de mujeres, amigo — escucho a una de las mujeres.

Con ello los zapatos de hombre salen de mi visión. En eso, es que tomo el valor para abrir la puerta. Muy tarde, únicamente veo a las mujeres que escuché entrando. Ni rastro del desconocido.

—¿Quién era el hombre que acaba de salir? ¿Lo conocen? — pregunto a una.

—No sé quién es — dice una.

—Tampoco. ¿Tú sí? — comenta la otra.

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