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Un contrato inesperado con mi jefe romance Capítulo 186

Cuáles son las posibilidades de que Mateo me pida matrimonio y al mismo tiempo esté apareciendo Luciano Brown en esta boda. Deberían ser 0%, pero la suerte no es mi amiga, nunca lo ha sido. Pestañeo varias veces para tratar de que vuelva a desaparecer, no lo hace.

Él está allí parado en medio de la multitud tal cual mi visión en la tienda. Lleva un traje, el cabello más largo que la última vez y apuesto a que si me enfoco en sus zapatos, estos serán los que vi en el baño. Su presencia es imposible de ignorar.

Tampoco puedo ignorar que Mateo apriete mi mano y comience a dar un discurso de amor para el cual no estoy preparada.

—Desde que te conocí supe que eras especial. El tiempo no ha hecho más que confinármelo — asegura mi novio.

Todos los invitados están al pendiente de nosotros, hasta Giana se ha puesto en un buen ángulo para tomarnos fotos con su celular. Ella sabía que esto pasaría. De lo contrario no hubiese mandado a que arreglasen mis manos y no estaría así de emocionada con la propuesta, en su boda. Mateo tuvo que pedirle permiso, y me hubiese gustado que a mí también me lo hubiese pedido. No hemos hablado de matrimonio todavía.

El anillo resplandece al igual que los ojos de Mateo. Me mira con gran devoción. Estoy hiperventilada, nerviosa y con un solo pensamiento en mi cabeza. No me quiero casar con Mateo. No puedo tomar tal decisión ahora, no con Luciano ahí comiéndome con la mirada. ¿Cómo entró siquiera? ¿No había seguridad en este sitio?

—Tú eres para mí mucho más que la mujer que amo, eres mi impulso para seguir todos los días — continua Mateo.

Él entonces saca el anillo de la cajita, y sujeta mis dedos para ponérmelo. El pánico me ahorca y no deja que el aire llegue a mis pulmones.

—¿Quieres casarte conmigo? — me hace la gran pregunta que emociona a los presentes.

Una mujer debe hacer lo que una mujer debe hacer.

Mis rodillas se doblan, cierro los ojos y finjo que… me desmayo.

Estoy preparada para el golpe que me daré contra el suelo para "rechazar" sin avergonzar a Mateo. Pero no termino dándome el golpe que quizás me merezco, Mateo me sostiene entre sus brazos, y con ello el revoloteo de preocupación aparece.

Percibo muchos murmullos y preguntas preocupadas a mi alrededor. Así como calor, aún con mis ojos cerrados sé que la gente nos está rodeando. Mateo me tiene sujetada, aunque estamos en el suelo.

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