Para completar mi tragedia, siento que el colchón se hunde, él se sienta en la cama y para darle un peor toque, me descubre la cabeza.
—Marianne… Sé que estás despierta. Deja de fingir.
Esa voz.
Esa voz no es la de Mateo. Me levanto como si me cayese un rayo, y allí está él, Luciano. Sentado en la misma cama que yo, está excesivamente cerca. Mi corazón está mal, mi respiración está peor.
Han pasado cuatro años desde la última vez que vi a Luciano. Pero siento que fueron muchos más, en sus ojos percibo como si hubiesen sido el doble o el triple de ese tiempo. Hay dolor y añoranza en ellos.
No puedo evitar tocar su rostro, cerciorarme de que esto es real, real. Es inevitable para mí que mis ojos se inunden al sentirlo. Toco sus mejillas, sus hombros, sus manos, sí es él. Ha regresado.
—Eres tú — es lo único que puedo decir.
—Efectivamente, lo soy — él me sonríe con un leve tinte de desprecio — Veo que tú, sigues siendo tú, y nos volvemos a encontrar mientras estás prometida a otro hombre.
Mis manos se separan de las de él, mi ceño se frunce y caigo en cuenta de que su comentario es… desubicado. Como todo él lo es.
—¿Esperabas que me quedase llorando mientras te esperaba? ¿Sin un mensaje o promesa de que volverías? Eso no va conmigo. No me arrastraré más nunca por amor, ni siquiera el tuyo — sueno dura y hago que el rostro de Luciano se endurezca.
—¿Y tenía que ser con él? ¿Con el amigo que me juraste no era más que un amigo? — devuelve en una sonrisa de mofa.
—¿Y con quién más iba a ser? Me convertí en una paría, Luciano. Casi nadie quería saber de mí, me quedé sin empleo, y con un brazo y pierna fracturados por meses. Él estuvo para mí. Cosa que tú no hiciste.
—No hables como si me hubiese ido porque quise. Sabes que no fue así — impone cortante.
Yo sé que Luciano no se fue porque quiso, que intentamos escapar juntos, que trató de proteger mi vida, pero…
—¿También las circunstancias te obligaron a no enviarme una carta? ¿Darme una llamada o escribirme un mensaje? Llegué a pensar que habías muerto — pregunto esta vez no sonando altiva sino con la voz quebrada a punto de llorar de nuevo.
Luciano deja de verme, la culpa lo posee. Su culpa me sabe a nada, me vuelvo a enfurecer.

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