Tristemente “mi desmayo” fue tan convincente que Giana y Derek insistieron en que yo debía ir a descansar a mi departamento. Que no lo tomarían a mal y que me agradecían haber hecho el esfuerzo por acompañarlos lo más que pude ese día tan especial. Así es como actualmente ando de la mano de mi sobrinita somnolienta por el pasillo del edificio donde vivimos.
Me gustaría decir que estamos solas las dos a unos minutos de llegar a nuestro dulce hogar, pero Mateo insistió en acompañarnos hasta la puerta. No me ha tocado el tema del matrimonio o el anillo, yo tampoco, ni quiero.
—Mami… tengo sueño… quiero dormir… — dice Amy estrujando sus ojitos.
Parece una nube con su vestido pomposo blanco. Se ve adorable. Omito el “mami” esta vez, solo esta vez. ¿Cómo la iba a regañar luciendo así de tierna?
—Ya vamos a llegar. Unos pasos más, y dormiremos — le informo — Esa es nuestra puerta. Llegamos.
Acelero mi andar para alcanzar nuestra puerta, la abro con mi llave y meto a Amy al departamento. Ella solita se va en medio de su sueño a su habitación, mientras que yo me planto en la entrada, con una sonrisa grande, muy grande.
—Gracias por traernos y disculpa los inconvenientes. Buenas noches…
Intento cerrar la puerta suavemente, Mateo con la misma suavidad y algo de firmeza, evita que lo haga. Pone su mano como un impedimento.
—¿Cuál es tu respuesta a mi propuesta de matrimonio? — cuestiona adolorido.
Suelto como un millón de maldiciones por dentro, tenía que tocar el tema otra vez. Sin embargo, en esta ocasión estamos solos los dos, no hay testigos, ni chismosos que puedan malinterpretar lo que le diré.
—¿Desde cuándo tenías planeado esto Mateo? — hablo cansada.
—Unas semanas. Pensé que estábamos en la misma sintonía Marianne. Pero por tu reacción, no sé si eso sea cierto. Querías despedirte de mí sin hablar de mi propuesta, ingenuamente creí que lo estabas postergando por la niña. Ahora sé que no.
Cambio mi peso de una pierna a otra, incómoda y acorralada por esta discusión. Siendo honesta conmigo misma, Luciano era mi primera excusa para rechazar un matrimonio, pero también existían otras razones.
—El matrimonio es un tópico complicado para mí. Soy una mujer divorciada y con prácticamente la custodia de una niña pequeña. Puedes hacerlo mejor que yo.

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