—No te di la llave a ti. Fue a uno de tus empleados para que me ayudase con una falla en las tuberías — recuerdo a la perfección el destino de esa llave extra. La única. Esa que nunca se me fue regresada.
—Es casi lo mismo — se encoge de hombros y levanta — ¿Quieres un café o una bebida energética? No sé qué podría sentarle mejor a tu estómago tras un desmayo como ese.
Dice eso con gran sarcasmo dirigiéndose a mi cocina. Yo soy la que no sabe que es peor, que haya tenido una llave de mi vivienda todo este tiempo o que esté sirviendo café una vez en la cocina. Es decir, había estado preparando café para mi llegada. Él pone las dos tazas en la mesita de la cocina. Se sienta con suma calma. Yo no.
—¿Quién diablos te crees que eres para servirme tú a mí café en mi casa? — argumento tan molesta — No tienes derecho de entrar en mi propiedad sin mi autorización. ¿No podías tocar mi timbre como una persona decente?
—¿Si tocaba me dejarías entrar? — él sopla de su café.
Voy a contestarle que sí, pero mi boca se queda abierta. No lo hubiese dejado entrar, no hoy. Es probable que lo hubiese mantenido fuese de mi departamento como hice con Mateo.
—Esa hubiese sido mi decisión. Una que tendrías que respetar, pero cómo veo que te importa una m****a, da lo mismo ¿no?
—Te habrás dado cuenta que he intentado acercarme a ti anteriormente, y no he podido. He perdido la paciencia y actuado precipitadamente. Confesando que he hecho mal, así ¿te sentarás para hablar de nosotros? — admite.
Siendo lo más cercano eso a una disculpa de este idiota, y confirmando que no estaba viendo alucinaciones, sino que siempre fue él, acepto sentarme con este.
—Quisiera aclarar que no hay un nosotros. Estoy en una relación muy seria con Mateo — afirmo.
Él me da una mofa de burla que me hace verle con odio.
—Se nota que lo estás.
—Escuchar un solo mal momento de nosotros como pareja, no te da la figura completa de nuestra relación. Tenemos diferentes perspectivas del matrimonio, Mateo se dejó llevar por la emoción de la boda de Giana, y a mí me tomó por sorpresa semejante propuesta en público — explico y miento a continuación — Lo que conllevó a mi terrible desmayo en tales condiciones.
Luciano alza una ceja interrogante y burlón con la taza de café en su mano.
—¿Me dices que tu desmayo fue real?
—Absolutamente.
—Absolutamente mientes. He visto cómo te desmayas antes, además tu nivel de rigidez te delataba. A mí no me vas a engañar.

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