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Un contrato inesperado con mi jefe romance Capítulo 200

—¿De qué… de qué querías hablar conmigo? — digo algo temblorosa.

—¿Cuán grande fue la pelea que tuviste con Mateo como para que te vengases de él acostándote conmigo? — cuestiona con un toque de tristeza y auto desprecio.

Por primera vez desde que me levanto pienso en Mateo. En cómo “su tiempo” será un rompimiento definitivo. No sé en qué terminará mi historia con Luciano, pero me acosté con él y yo sé que probablemente él con su “prima”. No había nada que salvar ahí, y más si consideramos que rechacé su propuesta de matrimonio.

—¿Cómo puedes ser tan acertado y desacertado al mismo tiempo? — digo fastidiada de él. Pincho de la ensalada de fruta con molestia.

Él se sorprende con mi respuesta.

—¿Qué quieres decir?

—Lo nuestro está prácticamente acabado, y lo que pasó entre nosotros fue la puntada final — explico.

—¿Lo descubriste? ¿En lo que estaba metido? — pregunta muy emocionado.

Reviro mis ojos porque esto no podía ser cierto.

—¿También sabías que me había montado los cuernos? Das miedo…

Mi queja no sienta bien a Luciano, pasa de estar emocionado a que sus hombros se le caigan. Como si eso no era lo que quería oír. A saber, qué reacción quería de mí. Ya es lo suficientemente doloroso confesar que te montaron los cuernos otra vez.

—¿Cómo te enteraste de ello? — interroga.

—Es una suposición mía. Tenía días sin comunicarse conmigo, y lo encontré en el departamento con una supuesta prima. No estaban desnudos, ni vi condones usados por ahí, pero algo raro pasaba entre los dos. Me lo confirmó al pedirme “un tiempo”. ¿Un tiempo para qué? ¿Para qué es que piden “un tiempo” los hombres?

—¿Para tener un pase libre para coger en libertad y sin reprimendas por un rato? — me complementa con ingenuidad Luciano.

—Tú sabes, obvio que sabes… — le sonrío con descaro.

Eso particularmente parece dolerle a Luciano. Le duele tanto que deja de verme y se concentra en la comida. Por igual no me siento bien. Maté fuese la que fuese la vibra entre nosotros.

—Me… alegra que ya no estés con él. Así… mi trabajo podrá ser mucho más sencillo — menciona Luciano.

Le miro extrañada.

—¿Qué trabajo dices?

—El de cuidarte.

—¿Ahora serás mi guardaespaldas o qué demente? — menciono conteniendo mi incredulidad.

—Algo similar. Tengo sospechas sobre lo que depara tu futuro Marianne. No me iré hasta que fulminé cualquier peligro que tengas a tu alrededor — expone.

—No tiene sentido que insistas en cuidarme tanto — determino viéndolo como un idiota.

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