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Un contrato inesperado con mi jefe romance Capítulo 201

Mi vida ha continuado a pesar de las pérdidas, a más de una semana de mi encuentro “accidental” con Luciano, he batallado para darme estabilidad a mí misma.

Amanda respetó el acuerdo de traerme a Amy de regreso hasta que firme contrato de alquiler, los del seguro aceptaron que mi auto será pérdida total, y Giana cada cuando me envía mil fotos de su luna de miel. Todo va en más o menos orden.

En eso trato de concentrarme mientras desenredo el cabello mojado de mi sobrina. Ella está entretenida con el televisor. Es una noche apacible como cualquier noche de sábado. O lo es hasta que miro por mi ventana a la calle, esa sensación regresa a mí al verlo, el auto de Luciano.

No me está gustando esto. ¿A qué me refiero con esto? Lo hago con la sensación de que estoy haciendo algo mal. Eso mal que estoy haciendo es pretender que no sé qué, Luciano me está vigilando de cerca. Desde sus advertencias me he vuelto más consiente de dónde estoy y de quién me rodea. Incluyéndolo a él. Algunas veces veo su silueta cuando almuerzo fuera del trabajo, otras veces veo su auto aparcado abajo en la calle.

No hemos vuelto a interactuar, lo cual está bien. Cumple con lo que le pedí. No es que me pudiese quejar de nada. Estaba bien lo que hacía. ¿No?

Mi celular suena, lo tengo a un lado del sofá, así que, dejó de usar el peine y lo tomo. Es un mensaje de un número desconocido.

“No le digas que vine a verte”

No comprendo el mensaje. No sé quién me lo envío. Antes de que pueda hacer conjeturas, mi timbre suena. Extrañada voy a averiguar quién es. Para eso uso la mirilla, y me sorprendo con quien creo es. Al otro lado de la puerta está una jovencita con una mochila abultada que anda viendo a los alrededores muy interesada. Abro la puerta gratamente impactada.

—¿Sarita? — cuestiono.

—La que viste y calza — extiende ella sus brazos a los lados.

Eso hace que la gran chaqueta exploradora que tiene se expanda. También que le pueda dar una mejor apreciación a lo que lleva puesto debajo, un conjunto deportivo con tenis y su cabello trenzado reposando de su hombro.

Definitivamente era Sara. Nos abrazamos para saludarnos, y es aquí que caigo en cuenta del significado de ese mensaje, por igual, de quién me lo debió enviar. Para qué Luciano no quiere que Sara se enteré de su presencia aquí, es un misterio para mí.

—Pasa. Como en tu casa. Siempre te lo he dicho, eres bienvenida — le invito.

Sara acepta la invitación, pasa a mi departamento, con ella dentro es que puedo dimensionar lo alta y grande que está. Tenía una idea de su crecimiento gracias a las fotos e historias que subía a sus cuentas de redes sociales. En mis tiempos de desesperación por saber de Luciano, una de las cosas que hice fue buscar las redes sociales de alguno de los Brown.

De la única que pude conseguir algo fue de Sara, que como toda adolescente hacía vida por allí. No llegué a acosarla con preguntas sobre su tío, antes de animarme a eso, Lucía me dio el parón de mi vida. Pero ya le había dado a seguir y ella se había dado cuenta.

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