Especial #MARIANNE
Narrado por Marianne Belmonte
La vida me ha recompensado de una manera maravillosa y más allá de mis propias expectativas. Después de tantos años de zozobra, soledad y desprecio, vaya que actualmente me siento bendecida con la familia que he podido formar con Luciano. Al interrumpir en la oficina de mi jefe y proponerle matrimonio, no me pude imaginar que esa propuesta sería tomada en serio.
Muy en serio diría yo. Más de 6 años de matrimonio y 4 hijos después, me sentía más realizada que nunca. Mis hijos eran mi vida entera, cada uno de ellos era especial y maravilloso a su propia manera. Mi niña más grande, Leonora, era tan inteligente y al mismo tiempo tan traviesa. Siempre encontraba una forma de esconder sus travesuras, y su destreza física me tenía sorprendida. Entre gimnasia y karate, por supuesto que tuvo que estar de acuerdo con el complot que hizo con su padre para ir a lo último. Era más que buena en esa arte marcial, según su profesor, no yo.
Después, vino Lucero. Un embarazo muy buscado y planeado. Vino cuando debía venir, pero quizás exageré las ganas con las que la busqué, porque Lucero no se subía por los techos porque no podía. Era tan activa y despierta. Sus risas inundaban nuestro hogar a toda hora. Era mi rayo de sol en la tempestad.
A continuación, siguió Layla, el embarazo por el que más regaños me gané de mi doctora. En mi defensa yo no sabía que el post parto te hacía así de fértil. Mi pequeña todavía estaba buscando su propia personalidad, puesto que copiaba todo lo que hacía a su hermana Lucero. Es la más amorosa de nuestras niñas, siempre buscando el calor de sus papás, su abuelo o primos. Y, por último, como se lo juré a mi esposo, está Lucien.
De Lucien no puedo decir mucho más aparte de que es el bebé más lindo y con los mejores pulmones que podrás conocer. La satisfacción que tuve al enterarnos de que era un varón, no podía ser más grande. Era mi última oportunidad para tener otro hijo bajo el juramento que me hizo darle Luciano. Y lo obtuve, tal cual quise, un varoncito.
Yo no me arrepiento de tener a cada uno de mis hijos, lo que quizás si no calculé en mi carrera por no perder mucho tiempo entre un embarazo y otro, fue la logística. No es lo mismo viajar con un niño o dos, que con cuatro. No a esta edad, y no con viajes más o menos precipitados.
Eso fue lo que pasó esta vez. La graduación de primaria de mi sobrina Amy fue postergada y postergada, la escuela nunca se puso de acuerdo con una fecha concreta con la premeditación necesaria, lo que nos trae al presente.
A mí enviando el quinto mensaje de texto del día a Luciano. Son las 11 AM de la mañana y todavía no me ha contestado. Lo cual me impacienta tanto. Lo he dejado solo por primera vez con los cuatro niños, y Lucien es tan chiquito todavía.

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