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Un contrato inesperado con mi jefe romance Capítulo 250

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Con el sol cayendo, la fiesta está terminando y el cansancio es notorio tanto en niños como en adultos. El pequeño Derek está dormido en las piernas de Giana, y la misma Giana está dormida recostada de mi hombro. Sonrío levemente ante sus ronquidos, honestamente no formé parte del comité organizador como Amanda que todavía anda coordinando algunas actividades, pero estoy agotadísima.

De repente Giana se ahoga con su propia saliva y se despierta estrepitosamente.

—¡Nos atacan! ¡Nos atacan! — grita la loca esta, aunque se da cuenta de que fue una pesadilla — Digo, la paz mundial es atacada mientras celebramos.

—¿Desde qué hora estás despierta demente? — pregunto entre risas.

—Como las 6, a este niño le gusta madrugar los sábados. ¿Qué pecado estoy pagando yo? — Giana acaricia el pelo de su hijo con sumo amor.

Me la quedo mirando encantada, hasta este momento ella tenía un matrimonio feliz con Derek, mi ahijado era un niño adorable y saludable. Y para mi alegría, nuestra amistad no se había debilitado con la distancia.

—¿Sabes lo del matrimonio? — saca ella de repente.

—¿Qué? — digo confundida. Giana ve en dirección de Amanda con Miguel en la estación de pinta caras.

—Miguel le propondrá matrimonio a tu hermana el domingo. Si se te acerca esta noche o mañana comentándolo, hazte la sorprendida ¿ok? ¿Qué piensas de eso?

Estoy sorprendida con la noticia. Pero después de tres años de noviazgo, supongo que es lo que debe venir. Estoy por responder, aunque mi celular suena, veo la pantalla, es Luciano, le respondo de inmediato.

—Dios, por fin me llamas. ¿Cómo están los niños? — pregunto preocupada.

—A la perfección corazón. Todo está bajo control como debe estar y siempre estará conmigo al mando — menciona el sumamente ligero, eso me extraña.

—¿Si? ¿Lucien ha llorado mucho? ¿Reina le preparó el biberón como le gusta? Ni me dio tiempo de sacarme leche para dejarle… — ahí va de nuevo la culpa.

—Corazón, no tienes que preocuparte por eso. Lucien se ha comportado como un angelito, ni le he escuchado quejarse hoy. Reina y Luisa han estado más cooperativas y atentas que nunca.

Mi corazón recibe un gran alivio con las palabras de mi esposo.

—¿De verdad? Qué bueno. ¿Y Layla? ¿No rompió el Nintendo que le acabamos de comprar verdad? Dime que lo ha cuidado.

—Tendré que enseñártelo cuando vengas. Lo verás como nuevo, de paquete, de lo mucho que lo ha cuidado — asegura este.

Más sorprendida estoy, ni mi bebé llorón, ha llorado; ni mi niña Terminator ha roto sus cosas. ¿Me preocupé y pasé anoche sin dormir sin razón de ser?

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