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Un contrato inesperado con mi jefe romance Capítulo 41

Sé que el beso con Luciano está durando más de lo que debería durar un “beso falso”, pero es que mis ganas de separarme de él son nulas. Estoy completamente idiotizada con sus labios, con su toque y con cómo me hace sentir. Aun así, todo lo bueno se tiene que acabar.

—Eh disculpen, estamos aquí, tortolos — ríe incómoda Amanda.

Con su voz, nuestros rostros se separan para verle a ella. No sólo a ella, sino al resto de mi familia. Dudo de cuál sea el más descompuesto entre Andrew y América. Están de competencia. Mientras que mi padre, como el gran amante de los negocios que es, está más satisfecho que nunca. ¿Quieres ver a Sergio Belmonte feliz? Dale dinero.

—Sabemos que están aquí, hermana. Es que… nos dejamos envolver por el momento… — digo esto último mirando a Luciano a los ojos. Como si estuviésemos conectados el uno con el otro.

—Envuelto en su totalidad — él no deja de tener su mano en mi espalda, casi que mi trasero y yo río para actuar tal cual como una actriz galardonada — ¿Hacemos el brindis, familia?

Con la invitación de Luciano, un par de meseros salen de las sombras a ofrecernos copas con champagne. A excepción de a Amanda que por el color de su copa se nota que es otra bebida. Nos reunimos en círculo para dicho gesto.

—Qué su compromiso oficial esté lleno de dicha y augure un matrimonio, próspero — alza la copa Sergio.

—Qué así sea papá — celebro alzando mi copa sonriente.

El resto levantan sus copas y he de disfrutar del contacto de Luciano con mi espalda. Esta cercanía se sentía bien. Doy un largo sorbo a mi bebida mientras en mi mano derecha deslumbra el diamante generacional de los Brown. Amanda no ha perdido de vista semejante joya.

—Lindo anillo. Un poco exagerado para tus gustos. ¿No hermana? — comenta Amanda.

Miro con inocencia mi anillo, lo miro con deleite y admiración.

—¿Te lo parece? Era el anillo de la abuela de Luciano. Es una herencia familiar de siglos de antigüedad — presumo. Amanda aprieta sus labios en una línea súper forzada que simula una sonrisa.

América es menos disimulada con su reacción, se ahoga con su bebida.

—¿Es el anillo de Leonor? ¿Cómo lo conseguiste? — pregunta directamente a Luciano… América.

Ahora somos el resto los confundidos. A excepción de mi prometido.

—Era uno de los tres nietos favoritos de Leonor — bromea Luciano, contengo mi sonrisa porque sé que son únicamente tres nietos — ¿Qué tiene de sorprendente, América? ¿Es que fuiste íntima de mi abuela para saber de sus deseos póstumos?

Amanda, papá y yo nos quedamos viendo interrogantes a América, esta pestañea mucho, nerviosa y sospechosa. No me como el cuento de que Luciano me ha dicho la verdad completa sobre su relación con esa mujer.

—Es curiosidad nada más. Leonor era famosa por sus joyas y por haberle heredado muchas de ellas a las asociaciones benéficas que apoyaba — aclara su voz para después beber.

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