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Un contrato inesperado con mi jefe romance Capítulo 44

—¿No ibas a besarme en los labios como retribución? — hablo entrecortada por la excitación que me mata.

—Exactamente… — me sonríe antes de perderse entre mis piernas.

Lucho por contener mi voz, no hago un buen trabajo en eso. Se me escapa un gemido involuntario, después otro más y otro más. Según mis recuerdos vagos de aquella noche, Luciano no me había practicado sexo oral esa vez. Tampoco es que hubiese dejado hacer esto a Andrew. Así que, esta era mi primera vez recibiendo esta clase placer.

Es diferente, extraño y delicioso. Me encanta que esté usando su lengua allí, y ayudándome a descubrir este nuevo tipo de placer. Se siente tan mojado y pecaminoso. Me pierdo en este gozo que incrementa al dejar de mirar al techo, para enfocarme en Luciano, en sus ojos intensos fijos en mí mientras hace esto.

En un momento mi espalda se contorsiona por estar a esto de llegar al orgasmo. Y lo alcanzo de una manera divina que me hace ver colores, también podría jurar que algunas estrellas.

—Eso fue… eso fue… — hablo sin aliento.

Ni me da tiempo de respirar bien, Luciano me toma por uno de mis brazos y hace que me siente a horcadas sobre él. No tardamos mucho en devorarnos la boca y yo mecerme salvajemente sobre sus pantalones. Su dureza allí abajo, me hace perder la pizca de raciocinio que tengo conmigo. La timidez y las advertencias de mi cabeza se me han olvidado hace rato.

Estoy desabrochando su camisa con desesperación, y él desabrochando mi sujetador por detrás. Logro desnudar su exquisito abdomen y él mi pecho, liberando mis pezones. Tampoco es que él se resista a dejarlos quietos, los mete en su boca para saborearlos. Más gimo sin control alguno, y sin control alguno mis manos desabrochan sus pantalones.

Consigo mi cometido al liberal su pene, y sostenerlo entre mi mano derecha. Desde aquí comienzo a sobarlo, y acariciarlo con constancia. Con ello, puedo escuchar sus gemidos además de los míos. Tenía ganas de hacer cosas indescriptibles con él.

—¿Tienes un condón contigo? — le pregunto con mi voz agitada.

—¿Quién crees que soy? Claro que tengo uno — responde confiado y sacando un sobre de su pantalón.

—Póntelo — pido sin parar de moverme sobre él y ahora yo chupar de su cuello.

Escucho sus risas perversas y sé que está abriendo el sobre con los dientes. Se pone el condón y me sujeta por el cabello para hacer que lo bese en la boca nuevamente. Nos besamos apasionadamente sin parar.

—Vamos, siéntate en mi verga. Está lista para ti.

Como mi raciocinio se ha ido por la ventana, obedezco a lo que me pide Luciano. Afinco mis rodillas sobre el sofá y me posiciono para terminar de conectarnos. Apenas puedo sentir la presión de su miembro allí en mi entrada, cuando lo veo voltear rápidamente hacia la derecha, también lo hago desconcertada.

—Hay alguien en el pasillo — advierte.

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