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Un contrato inesperado con mi jefe romance Capítulo 45

Los viajes en metro a hora pico son de lo más pintoresco que te puedas imaginar. Al final del pasillo está ese cantante recolectando monedas y dando notas desafinadas; en el asiento detrás de mí un bebé llorando a gritos y a mi frente dos ancianos peleando sobre política.

Luego estoy yo aferrada a mi agarradera, muerta del cansancio y con otra gran molestia a mi derecha. Giana riéndose como niñita de preescolar. Soy el origen de sus risas.

—Ya es jueves. Tienes tres días burlándote de mí. ¿No te cansas? — le critico subiendo más mi cartera al hombro.

—¿Piensas que estas son burlas? No lo son — miente tan aferrada a otra agarradera como yo — Son gestos de apoyo disfrazados de nerviosismo. Que casualmente se parecen a risas.

Muerdo mi lengua ante su respuesta rimbombante. Ha estado así desde que le resumí que Luciano me pidió matrimonio, me dio ese anillo de compromiso y ella misma vio como le faltamos el respeto a su sofá.

—Contén tus “gestos de apoyo” más tarde, cuando regresemos a la oficina. Todavía no he acordado con Luciano sobre cómo dar a entender que nos casaremos. Quizás lo mantengamos de bajo perfil — pido.

La cosa era así. Estos últimos días me había tocado ir a diferentes reuniones con potenciales compradores del proyecto New Century, del resto había hecho home office. No había pisado la empresa desde la semana pasada, y en unas horas tendría que hacerlo en calidad de prometida del jefe. Pero otros detalles no habían sido discutidos con él. Las puertas se abren en nuestra estación.

—Mi rostro parecerá bendecido por el bótox, amiga — afirma Giana con ambas saliendo del metro, lo mejor que podemos, hay mucha gente.

Tanta gente que ella y yo recibimos uno que otro codazo o empujón. Podemos ser libres al ir subiendo las escaleras. En estas Giana le devuelve un empujón “accidental” a una viejita que la empujó muy feo. Se disculpa fingiendo inocencia, y yo contengo mi sonrisa peinando mi cabello.

En un minuto, tenemos la razón de nuestra travesía en metro cerca de nosotras. La empresa de uno de los potenciales compradores, del que más interés ha demostrado, la compañía para la que trabaja Ernesto, el secretario de la otra vez al que le mostré las instalaciones del centro comercial.

Nos anunciamos en la recepción, y nos suben con rapidez a una sala de juntas. Esa en la que ya nos están esperando el propio Ernesto que nos saluda gratamente. Él nos explica que su superior está atrapado en el tráfico y que pronto vendrá. Por lo que nos enfocamos en charlar de varios puntos sobre sus demandas y las nuestras en la negociación.

Después de un largo rato escuchamos las puertas abriéndose. Al alzar la mirada, está entrando un hombre joven en traje, se presenta con una sonrisa amable en la que sus ojos marrones brillan, y ese aroma a limpio que emana de él, me da una buena primera impresión.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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