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Un contrato inesperado con mi jefe romance Capítulo 46

—Disculpa, pero… ¿nos conocemos de otra parte? — pregunto confundida.

Su respuesta es sorprenderse y reírse. Eso hace que un par de hoyuelos se marquen en sus mejillas.

—¿No te acuerdas de mí? Cursamos Derecho Comercial juntos en la universidad — revela.

—¿Lo hicimos? — vuelvo a preguntar confundida. Más se ríe él apenado y divertido. Yo me siento fatal — ¿Estás seguro? Quizás estás confundido, no recuerdo haber estudiado en ningún semestre con el hijo del presidente de una trasnacional.

En la negociación, Ernesto había explicado que Mateo vendría siendo el primogénito del presidente de esta empresa. Como su salud se había deteriorado, él estaba tomando los negocios de su padre. Mi impresión de que era un hombre joven, no estaba desacertada. Si estudió conmigo debía tener menos de 30 o no más que 32 quizás.

—Porque no me matriculé presentándome como uno. Fui de incognito, para empezar de cero. Ya sabes cómo son los padres, quieren que nos endurezcamos en la universidad sin usar nuestros apellidos para ganar favores. Tú también fuiste como yo ¿no? Eres la hija mayor de Sergio — explica.

El buen rollo que había tenido con Mateo se me baja estrepitosamente. A mí Sergio no me envío en ese plan a la universidad. Bastante que batallé a base de notas perfectas y becas escolares, madrugadas sin dormir y mucho ramen instantáneo para comer. Si su plan era endurecerme, se le fue la mano. Casi me mato más de una vez, de agotamiento o gastritis por mi mala alimentación. Río hipócritamente. Me quiero ir.

—Ya sabes… como son los padres — comento parándome y tomando la cartera.

Él detecta que hay algo mal. Su rostro se tiñe de compasión. Mira mis manos desnudas.

—Escuché que rompiste tu compromiso con Andrew, y… se casará con…

Más incómoda me pongo.

—Sí, se casará con mi hermana menor.

—Perdón por sacarte este tema. Ha sido descortés de mi parte … — se disculpa.

—No lo ha sido — pretendo que no me afecta — No guardo malos sentimientos ni por él, ni por Amanda. Les deseo lo mejor. Y a mí me está yendo bastante bien.

—¿Lo está haciendo? Sería bueno comprobarlo mientras compartimos el almuerzo. ¿Te gustaría?

Siento que esto va más allá del proyecto. Juraría que es… una cita.

—Gustarme o no es irrelevante. Al igual, que poco profesional que salgamos a solas durante esta negociación — le rechazo.

—Para cuando finalice, espero que no sea muy tarde entonces… — se despide de mí con otra sonrisa suave.

Le sonrío más nerviosa que otra cosa y salgo de la sala de juntas sintiéndome rara. Giana que está a solas esperándome me nivela el paso.

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