Se me achicopala el corazón. Es dolorosamente evidente que para Luciano soy un reto y quiere volver a meterme en su cama. Para mí, tristemente él es más que eso. Pero igual, no me dejaría vencer.
—¿Y a mí qué? — me encojo de hombros con desinterés.
—¿Perdón? — suelta ofendido.
—¿A mí qué me importa con quién te diviertes allá fuera? ¿Es que tienes una correa en el cuello y te tengo amaestrado? Esto no es real. Eres libre de tener sexo con quien quieras. ¿O me dirás que si te pido que lo mantengamos exclusivo lo respetarás?
Mi descaro causa un efecto más profundo de lo que hubiese esperado. Detecto un rastro de confusión en Luciano. Uno que me hace nacer mil ideas en este ingenuo corazón. Si llegásemos a un acuerdo de amantes, pero amantes exclusivos, quién quitase que… pudiese haber algo más ¿no? Como sentimientos, y quizás más cosas. Cosas reales.
—Si tu intención es que nuestra relación sea exclusiva, podrías contármelo para saber a qué atenerme… — suelto “desinteresada” — ¿Qué quieres de ella?
—Lo… quisiera todo — confiesa viéndome vulnerable. Hay mariposas en mi estómago — La casa, los niños y el vivieron felices para siempre.
Me desinflo de inmediato, este estúpido está usando el sarcasmo. La mueca en su boca y la burla en sus ojos lo delatan. Ni sé para qué me hago ilusiones. Los hombres no pueden ser fieles ni a la fuerza. Menos en una relación como la nuestra.
—¿Entonces Luciano? ¿Qué esperas de mí?
—Sexo. Quiero que dejes de hacerte la difícil, cedas ante lo mucho que te excito y nos dejemos de esta estrategia tuya.
¿Él quería guerra? Guerra tendría. Nadie me podía ganar en aplacar y controlar al demonio de la lujuria. Perdí mi virginidad a los 24 años y con la inhibición del alcohol. Sobria y con las ganas de martirizar a Luciano, mis piernas se mantendrían clausuradas. Sería pan comido.
—Quédate esperándolo sentado de ser así. Porque no me acostaré contigo hasta después de que te cases conmigo — afirmo con la seguridad de mil mujeres.
El rostro de Luciano no es un poema, es un poemario completo. Intenta sonreír, pero la forma en la que su lengua delinea su labio inferior, lo delata. Lo mucho que lo he impacientado. Ya lo había determinado, si yo era un reto para Luciano, no le podía dar la victoria antes de la firma de ese contrato. Él es tan impredecible que puede que no se casase conmigo al final.
—No sabes lo que dices.
—El que no sabe lo que dice eres tú. No eres tan irresistible como crees que eres. Y nuestro acuerdo se basa en otras cosas, no en acostarnos. Ese es un extra en el que ambos coincidimos que yo debo estar de acuerdo ¿no? ¿o me chantajearás para hacerlo? De ser así, demos por terminado nuestro trato, porque ni tú, ni nadie me obligará a tener sexo sin que yo quiera — impongo y me cruzo de brazos del tiro.
Luciano suspira agotado y sube sus manos al aire en señal de rendición. Después las baja de golpe.

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