De los muchos misterios que Luciano representa para mí, el de su relación con América carcome mis entrañas. ¿Cómo no hacerlo con esos dos viéndose con la repelencia con la que lo hacen? ¿Qué hay con las extrañas reacciones que ha tenido mi madrastra con él? ¿Con ese odio sin disimulo que mi falso prometido muestra?
—América, esa es una petición un poco desubicada. Luciano y yo nos casaremos, será parte de “nuestra familia” — intervengo.
—Marianne, qué haces aquí. No sabía que estabas aquí… — se recompone ella alisando su vestido y notándose incómoda.
—Trabaja aquí. ¿De qué hablas? La que no debería estar en esta oficina eres tú. ¿Quién te dejó pasar? — responde Luciano muy, muy serio.
Este era un detalle de Luciano. Podía ser muy encantador, y muy odioso cuando se lo proponía. Está siendo lo último en este momento. Aunque siempre lo había sido al verlo interactuar con América.
—Esta era la oficina de mi esposo. Tú eres el que no debería atreverse a hablarme de esa forma tan grosera — dice ofendida América.
—Te hablaré como quiera. Así como tú estás haciendo lo que quieres al entrar sin previo aviso a MI OFICINA. Porque, no veo ningún rastro de tu esposo qué digamos — él le sonríe con malicia. América se descompone, se ve indefensa y aterrada.
—Como no conoces de los modales, tendré que pedirle a Marianne que salga para no impacientarla con tus groserías. Es una joven muy delicada y sensible, que no sabe en lo que se está metiendo. Si lo supiese, no habría aceptado ese compromiso — pide América.
Me sorprende que mi madrastra esté siendo así de directa, lo que no me sorprende es que Luciano esté riéndose despectivamente de ella. Mira a un lado como para no acentuar dicho gesto.
—Creo que no soy tan delicada o sensible como presumes, de serlo, no continuaría con mi vida como he hecho después de la obra de tu hija — le espeto a esta manipuladora.
No los iba a dejar a solas así de fácil. Tenía que descubrir qué se guardaban esos dos. Ignoro la expresión de molestia de América. Decido hasta ignorar las palabras que me ofrecerá a continuación.
—No es momento para recordar una memoria desdichada del pas…
—No lo es. Era un ejemplo. Lo que sea que tengas que hablar con Luciano, lo puedes hacer conmigo presente. Nos vamos a casar, y tú eres mi madrastra, ¿qué tipo de conversación podrían tener sin mí en esta oficina? — impongo.

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