—Te dije que América se comporta raro alrededor de Luciano y viceversa. Están hablando en su oficina, dejé mi celular escondido, y grabando — relato orgullosa.
Giana no está igual de feliz que yo por mi maravilloso plan. Es lo contrario.
—¿Esos continúan actuando extraño? ¿No serán que tuvieron una aventura?
Yo que andaba bebiendo de mi café, casi que lo escupo. Miro a Giana con asco, todo el asco que estoy sintiendo. Luciano y América ¿Juntos?
—¿Aventura de qué tipo? — indago como si no supiera a qué se refiere.
—Pues… tu madrastra es muy guapa, y se mantiene muy bien para su edad. Luciano es un mujeriego hasta donde sabemos. Puede que se hayan reencontrado por casualidad, y de allí el conflicto. ¿O qué más puede estar pasando ahí?
—No puede… eso no puede ser verdad.
—¿Por? ¿Confías en la ética de alguno de los dos?
Lo verdad es que no. No sería extraño que América siendo lo bruja que es, le haya montado los cuernos a mi padre. Tampoco es que la creyese decente como para no tener amantes de una edad cuestionable. Ni qué decir de Luciano, le gustaban las mujeres, las mujeres guapas. Igual, es repulsivo imaginarlo, que me haya acostado con el mismo hombre que mi madrastra. Tengo hasta náuseas.
—No pero… no contemos los pollitos antes de nacer. Puede ser otro tipo de conexión. No nos precipitemos — defiendo.
—Tienes razón. Puede ser otra cosa, otra cosa shady. Tu madrastra es sumamente shady.
—Lo sé mejor que nadie.
—Iré con Antonia a comer entonces. Dejamos para después lo de nosotras — se despide mi amiga, también lo hago y le doy la espalda — Se-señor Sergio.
La mención de mi padre agria más mi café. Sólo tengo que voltearme para ver que Sergio está ahí en el pasillo con Giana al lado. Intercambiamos una mirada de saludo que intenta ser lo más civilizada de mi parte. Por las apariencias, benditas apariencias. Giana se disculpa y se pierde en el ascensor.
—Almorcemos juntos — exige Sergio, no lo pide.
—Ya almorcé, padre — le comunico alzando mi taza de café.

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