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Un contrato inesperado con mi jefe romance Capítulo 97

El auto de Luciano está aparcando cerca de la acera en donde estoy esperándolo. La calle está movida con muchas personas a mi alrededor entrando o saliendo de los clubs de la zona, lo que precipita que entre en el vehículo para no congestionar el tráfico.

En lo que entro y me pongo el cinturón de seguridad, encuentro lo que espero, a un Luciano de mal humor que arranca sin saludarme.

—¿Qué llevas puesto en la cabeza? — pregunta.

Toco mi cabeza para entender su cuestionamiento, y toco la corona de plástico que Giana me había puesto en algún punto de la noche. La retiro y la aprecio entre mis manos.

—Fue mi despedida de soltera. Giana me coronó — explico en una sonrisa por lo débil que es el plástico.

—¿Despedida de soltera en un club? ¿Con esos tipos?

Veo confundida a Luciano, para analizar su expresión. Esta es una de las menos incoherentes que le he conocido, de sus facetas menos coherentes, mejor dicho. Él está molesto.

—¿Qué tipos? — digo confundida.

—Los de la foto que me envió tu amiga.

La bruma en mi cabeza se va disipando, voy pasando los tragos para darme cuenta de que por eso él me llamó al mismo tiempo que la loca de Giana hizo de las suyas. No debería reírme, pero lo hago disimuladamente. Luciano se percata de ello, y más molesto se pone.

—¿Es que soy un acto de comedía para ti? ¿Qué hay de nuestro trato? No quiero tener fama de cornudo si te interesa saber.

—Deberías serlo, por intenso — me burlo.

A Luciano no le cae bien tampoco mi chiste, lo veo apretando más el volante de su auto y rechinando sus dientes.

—Giana está mucho más borracha que yo. Nos tomó una foto posada y orquestrada por ella. Uno es Derek, su novio y mi amigo. El otro se llama Pedro, y es amigo de Derek. Ni conversamos en la noche. De haberlo hecho, no veo el drama — explico.

—Para ti todo lo que te digo es un drama.

—¿Lo digo? ¿Será porque es cierto? ¿No me vas a dejar salir de fiesta con mis amigos acaso? Soy joven, apenas tengo 24, quiero vivir mi vida, como seguro tú la viviste.

Digo esto viéndome las uñas y totalmente mintiendo para sacarlo de quicio. No soy de fiestas, no me gustan tanto los clubs, tengo otras formas favoritas de divertirme. Pero no es momento para hablar de ello. Luciano está rojo de la molestia. Me encanta.

—Estás cruzando la línea, Marianne. Las líneas que tú misma dibujaste.

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