No he podido dormir, ni he podido comer de los nervios. Pero la falta de sueño o de alimento se disimula bastante bien con maquillaje profesional y un vestido como este. O eso es lo que me está haciendo creer Giana.
—¡Dios mío! ¡Luces preciosa! ¡De revista! — elogia ella arreglando la cola de mi vestido de novia — ¡Vete en el espejo!
El día de mi boda con Luciano era hoy. Finalmente me casaría con él en un contrato único en su tipo. Para ello, es que he estado preparándome desde temprano para la ceremonia en esta habitación de hotel junto con un par de estilistas, una fotógrafa y Giana.
Tomo una gran inhalación antes de ver mi look completo de novia al espejo de cuerpo completo que tengo a mis espaldas. Cuando me siento preparada me volteo para detallarme, y quedo sin palabras ante lo bello que es este vestido.
Mi reflejo es el quien ha seleccionado un vestido corte sirena cubierto de un encaje divino de flores bordadas con perlas. Este se ciñe a mi cuerpo como corsé y las semi transparencias de las mangas largas, más mis hombros descubiertos, me dan la sensación que quería tener en esta ocasión. Una novia elegante, pero glamorosa.
—Hija. Estás perfecta — saluda Sergio entrando en la habitación con una apariencia orgullosa.
Él viene a mí, a besarme en ambas mejillas, y yo recibo sus besos con una sonrisa hipócrita en el rostro. El sonido de la cámara de la fotógrafa invade el espacio, ella ha sido la encargada de capturar cómo me arreglaba y ahora mi primer encuentro con mi “adorado padre”.
—¿Estás preparada para irnos? — pregunta él haciendo que le tome del brazo.
Viendo a Giana que me guiñe el ojo en una esquina, y a una de las estilistas comprobar que todo está en orden, sabía que debía dar una respuesta afirmativa.
—Lo estoy — aseguro.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Un contrato inesperado con mi jefe