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Una noche en Dubai, un año para el Jeque romance Capítulo 11

MARIANA

No iba a casarme con Zayed Al Rashid.

Ni en un año.

Ni en otra vida.

Así que hice lo que cualquier persona mentalmente estable haría después de ser amenazada con un matrimonio obligatorio por una familia multimillonaria de Dubái.

Me fui al aeropuerto.

Mi equipo estaba disperso por la sala de espera mientras Andrea revisaba los documentos del vuelo en su tablet y Roberto discutía con alguien de la aerolínea por el exceso de equipaje del equipo técnico.

Normal.

Todo muy normal.

Como si mi vida no estuviera ardiendo lentamente desde hacía cuarenta y ocho horas.

Yo estaba sentada frente al ventanal mirando las pistas con el celular en la mano y una sola idea en la cabeza:

México.

Mi mamá.

Valentina.

Mi vida real.

Eso era lo único importante.

Andrea apareció frente a mí sosteniendo la tablet.

—Todavía no cae el depósito de cancelación.

Levanté la vista.

—¿Qué?

—La transferencia de los Al Rashid. No está reflejada.

Perfecto.

Claro que no estaba reflejada.

Porque aparentemente mi vida ahora funcionaba como una telenovela patrocinada por el estrés.

—Podemos esperar otro vuelo —dijo Andrea—. Son millones, Mariana.

Negué inmediatamente.

—No.

—Pero—

—Nos vamos hoy.

Andrea bajó la voz.

—¿Qué pasó realmente en ese palacio?

Miré hacia otro lado.

—No quiero hablar de eso.

Ella suspiró.

—Mariana, si el depósito no entra y nos vamos así, la empresa puede quedar—

—No voy a quedarme en Dubái esperando dinero de esa gente.

Mi tono salió más duro de lo que esperaba.

Andrea me observó unos segundos antes de asentir lentamente.

—Está bien.

Silencio.

Después se sentó a mi lado.

—¿Estás asustada?

Solté una risa corta.

—Estoy a dos pasos de cambiarme el nombre y empezar una nueva vida en otro continente.

—Entonces sí estás asustada.

No respondí.

Porque sí.

Mucho.

El altavoz anunció nuestro vuelo.

Me puse de pie inmediatamente.

—Vamos.

Tomé mi maleta y caminé hacia la puerta de embarque sin mirar atrás.

No iba a quedarme.

No iba a aceptar un matrimonio absurdo solo porque un hombre poderoso estaba acostumbrado a conseguir todo lo que quería.

Yo tenía una hija.

Una vida.

Una familia esperando en México.

Y nadie iba a decidir por mí nunca más.

Subí al avión junto al resto del equipo y me acomodé en mi asiento mientras los pasajeros seguían entrando.

Respiré profundo apenas me abroché el cinturón.

Eso era.

Se acabó.

En unas horas estaría lejos de Dubái y de Zayed Al Rashid.

Cerré los ojos un momento.

El avión seguía sin despegar diez minutos después.

Fruncí el ceño.

Eso no era normal.

Entonces escuché movimiento adelante.

Voces.

Pasos rápidos.

Abrí los ojos justo cuando varios hombres subían al avión acompañados por Hassan.

Mi corazón cayó directo al suelo.

No.

No, no, no.

Andrea se puso de pie inmediatamente.

—¿Qué está pasando?

Hassan caminó directo hacia mí.

—Señorita Ríos.

Todo el avión estaba mirando.

Perfecto.

Exactamente lo que necesitaba para completar mi humillación internacional.

—Tiene que acompañarnos.

Solté una risa incrédula.

—¿Perdón?

Roberto se atravesó frente a mí.

—Ella no va a ningún lado.

Dos de los hombres de seguridad dieron un paso adelante.

Andrea abrió los ojos.

—Mariana… ¿qué demonios hiciste?

Buena pregunta.

Ojalá supiera responderla.

Me puse de pie lentamente.

—Esto es una locura.

—Señorita Ríos —dijo Hassan con calma—. Le recomiendo que venga con nosotros.

—¿Y si no quiero?

Hassan me sostuvo la mirada.

—El señor Al Rashid tiene el poder suficiente para detener un avión solo diciendo su nombre.

El silencio alrededor se volvió incómodo.

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